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Adrián Alfredo Alvarado Flores


HALLOWEEN: Mucho más cerca del cristianismo que del satanismo

Torreón

Cada 31 de octubre se repite el mismo espectáculo: niños disfrazados de monstruos, adolescentes (reales y mentales) buscando cualquier pretexto para salir de fiesta, comercios vendiendo disfraces 'made in china' y, por supuesto, algún grupo de cristianos indignados explicándonos que estamos celebrando al mismísimo Satanás. Porque, aparentemente, ponerse unos cuernos de plástico y pedir dulces es suficiente para comprometer la salvación eterna.

Pero ¿de dónde viene realmente Halloween? ¿Es una antigua celebración pagana dedicada a los muertos? ¿La Iglesia católica se apropió de ella para cristianizarla? ¿O efectivamente estamos ante una festividad satánica disfrazada de tradición popular?

Vamos a desmenuzar algunas de estas afirmaciones. Un poco de contexto

Halloween proviene de la expresión inglesa All Hallows' Eve, que significa víspera de Todos los Santos. Es decir, su propio nombre tiene un origen cristiano, y está relacionado con las celebraciones del 1 de noviembre (Todos los Santos) y el 2 de noviembre (Fieles Difuntos).

Sin embargo, aquí aparece uno de los argumentos más recurrentes: su supuesto origen en Samhain, una festividad estacional de los antiguos pueblos gaélicos, particularmente en Irlanda y Escocia.

Samhain marcaba el final de la temporada de cosechas y el comienzo de la mitad oscura del año. Existen relatos medievales irlandeses que relacionan estas fechas con acontecimientos sobrenaturales y con la interacción entre el mundo humano y el de los espíritus.

¿Significa esto que Halloween es una versión cristianizada de Samhain? No necesariamente.

Y conviene subrayarlo, porque una cosa es que Samhain haya existido y otra muy distinta es que podamos establecer una continuidad histórica directa entre aquella festividad y el Halloween contemporáneo.

Las fuentes que nos permiten reconstruir las prácticas de Samhain son principalmente medievales, varios siglos posteriores a la época precristiana. Tampoco existe evidencia concluyente de que su propósito original fuera honrar a los muertos, como suele repetirse en internet.

Que ambas celebraciones compartan fechas y ciertos elementos folclóricos no demuestra que sean exactamente la misma cosa.

¿Y qué tiene que ver la Iglesia?

Bastante más de lo que algunos parecen dispuestos a reconocer.

Durante la Edad Media, las celebraciones de Todos los Santos y los Fieles Difuntos desarrollaron sus propias tradiciones populares.

Una de ellas era el souling, mediante el cual algunas personas recorrían las casas solicitando pequeños panes llamados soul cakes, a cambio de ofrecer oraciones por los familiares fallecidos de quienes los recibían. Sí, pedir comida a cambio de rezar por los muertos: una práctica bastante más cristiana de lo que sugeriría cualquier publicación alarmista de Facebook.

También existía el guising, particularmente en Escocia e Irlanda, donde las personas se disfrazaban y recorrían las comunidades ofreciendo canciones, versos o pequeñas representaciones a cambio de alimentos.

¿Le suena familiar?

Ambas costumbres son antecedentes importantes de lo que hoy conocemos como el trick-or-treat.

Incluso las famosas calabazas tienen una historia interesante. Originalmente, en Irlanda se tallaban nabos para fabricar pequeñas linternas con rostros. Cuando los inmigrantes irlandeses llevaron sus tradiciones a Estados Unidos, encontraron en las calabazas un material mucho más abundante y sencillo de trabajar.

Con esto sobre la mesa, resulta bastante difícil sostener que Halloween sea simplemente una ceremonia pagana que sobrevivió intacta durante siglos.

¿Cuándo llegaron los demonios?

El Halloween que conocemos actualmente es, en buena medida, un producto de la cultura estadounidense.

Durante los siglos XIX y XX, las tradiciones irlandesas y escocesas se mezclaron con el folclore norteamericano, las fiestas de disfraces, las bromas populares y, posteriormente, la industria cinematográfica y comercial.

Así aparecieron buena parte de los elementos que hoy asociamos con la celebración: vampiros, zombis, brujas, monstruos, casas embrujadas y toda clase de personajes macabros.

Pero aquí hay una distinción que parece escapar a algunos sectores religiosos: representar algo no significa necesariamente practicarlo.

Disfrazarse de demonio no equivale a adorar al demonio, de la misma manera que disfrazarse de Napoleón no convierte a nadie en emperador francés.

Podemos discutir si determinadas representaciones son apropiadas desde una perspectiva religiosa, pero convertir automáticamente una actividad recreativa en un ritual satánico es un salto argumentativo bastante considerable.

¿Los cristianos están en contra de Halloween?

Aquí viene lo interesante.

La oposición a Halloween no es exclusiva de Latinoamérica, ni mucho menos. Existen movimientos cristianos contrarios a esta celebración en Estados Unidos, Reino Unido y otros países de tradición cristiana.

Sin embargo, tampoco existe una postura universal.

Dentro del catolicismo, por ejemplo, encontramos diócesis y organizaciones que promueven la celebración como una oportunidad para recuperar el significado cristiano de Todos los Santos. Vatican News incluso ha publicado artículos explicando sus raíces cristianas.

Por otro lado, algunos sectores evangélicos, fundamentalistas y también católicos consideran que sus representaciones de brujería, demonios y prácticas sobrenaturales son incompatibles con su fe.

En Estados Unidos, algunas iglesias protestantes organizan incluso las llamadas Light Parties, fiestas alternativas que sustituyen los elementos macabros por actividades religiosas.

Es decir, no estamos ante una supuesta guerra entre Halloween y el cristianismo, sino ante diferentes interpretaciones de una misma celebración cultural.

Y aunque la crítica religiosa a las prácticas ocultistas es perfectamente identificable dentro de la doctrina cristiana, eso no convierte automáticamente en ocultista a cualquiera que compre una calabaza de plástico.

Al final:

Halloween no es una festividad puramente pagana, tampoco es una celebración litúrgica católica y, desde luego, no existe fundamento histórico para clasificarla como una fiesta dedicada a Satanás.

Su desarrollo es bastante más interesante: una combinación de tradiciones cristianas medievales, folclore europeo, posibles influencias de antiguas festividades gaélicas y una transformación cultural que terminó de consolidarse en Estados Unidos.

Tampoco pretendo convencer a nadie de que celebre Halloween. Si una persona, por sus convicciones religiosas, prefiere no participar, está perfectamente en su derecho. Lo que resulta cuestionable es presentar una interpretación religiosa particular como si fuera un hecho histórico demostrado.

Porque, dicho sea de paso, la historia no funciona a base de repetir una afirmación hasta que parezca cierta.

Y si vamos a condenar o defender una celebración por sus supuestos orígenes, al menos deberíamos tener la decencia de investigar cuáles fueron antes de repartir


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Adrián Alfredo Alvarado Flores
Adrián Alfredo Alvarado Flores

Ingeniero en Logística Internacional con Maestría en Innovación Educativa con mención honorífica. Experiencia en docencia universitaria, coordinación académica y proyectos de mejora industrial...

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