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Pável Morales Rivas


Una ciudad para la nueva pirámide

Pável Morales Rivas
Pável Morales Rivas | Operaciones
Guadalajara, Jalisco
Sombras de una tarde de futbol en la calle | Soner Arkan
Sombras de una tarde de futbol en la calle | Soner Arkan

​México tiene pirámides que llevan siglos maravillando por igual a mexicanos y turistas: Teotihuacán, Chichén Itzá y la de Cholula, que por volumen es la más grande del mundo. Pero hay otra, menos fotografiada, que está cambiando de forma: la pirámide poblacional.

Haz memoria: ¿cuántos niños jugaban en tu cuadra cuando eras chico? Cuéntalos ahora. Sí, la calle se siente menos segura que antes, y eso pesa. Pero hay algo más de fondo: aunque la banqueta fuera igual de segura, ya no habría tantos niños para llenarla. Hoy hay en México unos cinco millones de niños menos que en el año 2000, aunque somos 33 millones más. Hace veinticinco años, la pirámide de México tenía la forma clásica de los libros de geografía (muchos niños abajo, pocos abuelos arriba), y desde entonces no ha dejado de enderezarse.

Nuestras ciudades se construyeron para esa base ancha: escuelas, camiones llenos, calles que eran patio para el juego y la cascarita. La pirámide que viene ya no tiene esa forma. Y conste: no es una mala noticia. Una pirámide que se endereza es la de un país donde casi todos los niños llegan a adultos, donde vivimos más y donde las mujeres deciden cuántos hijos tener. El problema no es la forma nueva; es que nuestras ciudades no están listas para ella, y seguimos mirando para otro lado.

El INEGI acaba de confirmarlo con números el 22 de septiembre: los resultados de la Encuesta Intercensal 2025, el conteo que hace cada media década entre un censo y otro (el último fue en 2020; el próximo, en 2030).

Encuestaron una muestra representativa de más de 7 millones de viviendas, desde las grandes ciudades hasta el municipio más chico. Y el resultado: la base de la pirámide se angosta y el cuerpo se ensancha. En una gráfica, eso deja de ser un triángulo y empieza a parecerse a una columna. El cambio fue rápido: en el año 2000, la mitad de los mexicanos tenía menos de 22 años; hoy, la mitad tiene más de 32. Y no se queda en el papel: define qué escuelas, qué transporte y qué calles vamos a necesitar.

Censo de Población y vivienda 2000 y encuesta intercensal (EIC) 2025 | INEGI
Censo de Población y vivienda 2000 y encuesta intercensal (EIC) 2025 | INEGI

Una ciudad diseñada para una pirámide de base ancha (con muchos niños y pocos abuelos) se nota en cada esquina.

Pusimos una escuela en cada colonia, y hoy sus salones empiezan a vaciarse: tan solo en el último año escolar, preescolares y primarias perdieron casi medio millón de alumnos. Si la tendencia sigue, en un par de décadas nos sobrarán escuelas y nos faltarán lugares donde los adultos mayores puedan convivir.

Levantamos multifamiliares de cuatro pisos sin elevador para familias jóvenes que subían con el mandado y un niño en brazos; esas mismas familias hoy son más chicas y suben con rodillas de sesenta años. Trazamos rutas de camión para la hora pico de quien va a trabajar, no para quien va a la clínica a media mañana. Y mandamos la vivienda nueva a fraccionamientos donde sin coche no se llega a nada, con calles sin banca, sin sombra y con semáforos que no dan tiempo de cruzar. Ninguna de esas decisiones fue un error cuando se tomó; el error es seguir construyendo para una pirámide que ya no existe.

No solo pasa en México. Hay un umbral interesante que todo demógrafo conoce: para que una población se sostenga sola, sin crecer ni encoger, hace falta un promedio de 2.1 hijos por mujer. Sesenta y tres países, el 28% de la población mundial, ya cruzaron ese umbral y hoy se encogen, sobre todo en Europa y el este de Asia, mientras otros 126, el 54% del planeta, todavía crecen, encabezados por el África subsahariana. Entre los que se encogen, el caso más extremo es Corea del Sur, con apenas 0.72 hijos por mujer en 2023, la tasa más baja jamás registrada en cualquier país; ahí y en Japón, los gobiernos gastan miles de millones en bonos y licencias pagadas para que sus jóvenes tengan más hijos, sin mucho éxito.

Japón y Corea del Sur llevan décadas preparándose para esto, y aun así el cambio les llegó más rápido que sus planes. Vale la pena mirar lo que están haciendo: Japón ya les dio nuevo uso a más de cinco mil escuelas cerradas (muchas son hoy centros comunitarios, de salud o de cuidado), y ciudades como Toyama se reorganizaron alrededor de un tren ligero para que sus mayores puedan moverse sin coche.

México (muy cerca del promedio de toda América Latina) ya está por debajo de ese umbral con 1.9 hijos por mujer, aunque no tan lejos como Corea del Sur o Japón. Lo que nos mantiene creciendo todavía es la inercia: las generaciones ya nacidas, muy numerosas, seguirán sumando durante décadas aunque cada mujer tenga menos hijas e hijos que su madre.

Si la tendencia se mantiene, el Consejo Nacional de Población (CONAPO) calcula que la población mexicana tocará techo hacia 2052, con un pico de poco más de 147 millones de habitantes, y ahí sí, por primera vez en nuestra historia moderna, nuestra población se empezaría a encoger.

A México todavía le quedan, según a quién le preguntes, quince o veinte años de margen: la diferencia entre planear a tiempo y remendar después.

No hace falta reinventar la ciudad: hace falta dejar de construir la de hace cincuenta años. Lo que necesitamos —la banca, la sombra, el cruce con tiempo, la vivienda cerca de todo— no es caro ni es nuevo; lo que la pirámide está pidiendo es una ciudad amable para los que somos hoy y para los que seremos después.

Las pirámides de Teotihuacán llevan casi dos mil años sin cambiar de forma; la nuestra cambió dramáticamente en veinticinco. Nuestras ciudades todavía no parecen haberse enterado.

IO

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Pável Morales Rivas
Pável Morales Rivas

Ingeniero de formación. Emprendedor y curioso empedernido. Coleccionista de disciplinas: ha pasado, entre otras, por la docencia, las ciencias exactas y computacionales, el mundo corporativo, e...

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