
La Mirada Diversa
La diversidad en las urnas: el reto de las candidaturas LGBT+ en Jalisco
Jalisco está frente a un momento que, sin duda, merece nuestra atención. El proceso electoral local 2026-2027 será uno de los más importantes en materia de acciones afirmativas y representación de grupos históricamente discriminados. Y, particularmente para la diversidad sexual, estamos ante un cambio que puede abrir nuevas puertas, pero que también nos obliga a mantener los ojos bien abiertos.
Porque no se trata únicamente de que haya más candidaturas LGBT+. Se trata de preguntarnos quiénes serán esas personas, dónde serán postuladas, qué posibilidades reales tendrán de ganar y, sobre todo, qué harán con la responsabilidad de representar a una comunidad históricamente excluida de los espacios de toma de decisiones.
Para entender la dimensión de este momento, vale la pena mirar hacia atrás.
En las elecciones de 2020-2021 en Jalisco no existía una cuota obligatoria para candidaturas de personas de la diversidad sexual. Los partidos políticos no estaban obligados a reservar un número determinado de candidaturas para este sector de la población.
En 2024 la situación cambió. Los partidos tuvieron que postular fórmulas de personas de la diversidad sexual en municipios determinados. Una fórmula electoral está integrada por una persona propietaria y una suplente, ambas pertenecientes a la diversidad sexual.
Ahora, rumbo al proceso electoral local 2026-2027, el escenario vuelve a cambiar de manera importante: los partidos políticos y coaliciones deberán postular 44 fórmulas integradas por personas de la diversidad sexual para cargos de munícipes.De esas 44 fórmulas, al menos 11 deberán ser postuladas en municipios con más de 100 mil habitantes, entre ellos Guadalajara, Zapopan, Tlajomulco de Zúñiga, San Pedro Tlaquepaque, Tonalá, Puerto Vallarta, El Salto, Lagos de Moreno, Tepatitlán de Morelos, Zapotlán el Grande y Ocotlán. Las otras 33 fórmulas deberán distribuirse de acuerdo con los bloques poblacionales y de competitividad establecidos por los lineamientos.Esto representa un avance importante. No podemos minimizarlo.
Estamos hablando de 44 espacios concretos para que personas LGBT+ puedan competir por un cargo público y buscar participar directamente en las decisiones de sus municipios.
Sin embargo, también debemos ser críticos.
Una acción afirmativa por sí sola no garantiza una representación digna. Ser una persona LGBT+ no convierte automáticamente a nadie en una buena candidata o en un buen gobernante. La identidad es importante porque históricamente ha sido motivo de discriminación y exclusión, pero no puede ser el único criterio para elegir a quienes ocuparán estos espacios.
Los partidos políticos tienen una responsabilidad enorme.
No se trata de cumplir una cuota colocando a cualquier persona LGBT+ en una candidatura que tenga pocas posibilidades de triunfo, ni de utilizar la diversidad sexual únicamente como una herramienta electoral. Las candidaturas deben estar acompañadas de preparación, compromiso, trayectoria, propuestas y verdadera voluntad de representar a la ciudadanía.
También nos corresponde una responsabilidad a quienes formamos parte de la sociedad civil.
Debemos vigilar el proceso, cuestionar, señalar y exigir transparencia. Debemos estar atentos a posibles candidaturas que pretendan utilizar la identidad LGBT+ únicamente para cumplir con una acción afirmativa, sin representar realmente a nuestra comunidad o sin tener un compromiso comprobable con nuestros derechos.
Porque también existe el riesgo de las llamadas “candidaturas simuladas”: personas que aparecen como parte de un grupo históricamente discriminado únicamente para cumplir con un requisito electoral, mientras que sus acciones, trayectoria o propuestas no tienen ninguna relación con las necesidades de esa población.
Por eso, estas 44 fórmulas no debería convertirse solamente en 44 nombres en una boleta.
Deberían representar 44 oportunidades para transformar la política municipal, para llevar otras voces a los ayuntamientos y para demostrar que la diversidad sexual también tiene la capacidad de gobernar, legislar, administrar y tomar decisiones en beneficio de toda la sociedad.
Pero debemos recordar algo fundamental: una candidatura no es una victoria.El lugar donde se postule a una persona, el partido que la respalde, la competitividad electoral del municipio, los recursos disponibles, su trayectoria y sus propuestas serán determinantes para saber si esas candidaturas tendrán posibilidades reales de llegar al poder.
Por eso, este momento histórico genera esperanza, pero también incertidumbre.
Esperanza porque durante muchos años las personas LGBT+ hemos tenido que luchar simplemente para ser reconocidas y poder participar en igualdad de condiciones en la vida pública. Hoy existen mecanismos que obligan a abrir espacios que antes podían cerrarse completamente.
Pero también incertidumbre porque todavía tenemos que preguntarnos qué clase de representación queremos construir.
Queremos personas preparadas, honestas, comprometidas con los derechos humanos, capaces de gobernar para todas y todos; personas que no olviden a la comunidad que les abrió el camino, pero que tampoco conviertan su identidad en su única bandera.
La diversidad debe estar en las boletas, sí. Pero también debe estar en las decisiones, en los gobiernos y en las políticas públicas que transformen la vida de las personas.

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