
Vale Saberlo
Farmear aura también es resistir

En los últimos días se ha vuelto popular el fenómeno de las batallas para “farmear aura” y, con él, toda una serie de opiniones alrededor de esta tendencia.
Para quienes estamos un poco desconectados del tema, el concepto de farmeo de aura nace en los videojuegos. Básicamente, consiste en realizar acciones de manera repetitiva para acumular puntos, recursos o ventajas.
En el lenguaje de las redes sociales, el término se trasladó para referirse a aquellas acciones que buscan aumentar la presencia, el carisma, el estilo o la percepción que los demás tienen de una persona.
Así, “farmear aura” significa hacer algo que te haga parecer más impresionante, seguro, atractivo o con mayor presencia frente a los demás. Por el contrario, cuando alguien realiza una acción que le resta seguridad, estilo o presencia, se dice que “perdió aura”.
En redes sociales, incluso se utiliza una especie de sistema de puntuación imaginario: si alguien hace algo que disminuye su atractivo o que simplemente “no le suma”, pueden aparecer comentarios como “menos mil de aura” (-1000), como una forma de señalar que esa persona perdió puntos de presencia o estilo.
Para ganar una batalla de aura, los participantes deben realizar sus mejores pasos, emotes o utilizar algunos objetos que les ayuden a mantener su seguridad y conectar con el público o el jurado que evalúa cada uno de estos elementos.
Las opiniones al respecto han sido diversas. Las críticas, desde mi punto de vista, pueden leerse desde una mirada crítica del adultocentrismo, que condena también todo aquello que parece improductivo porque no genera dinero, aprendizaje o éxito.
Desde esa lógica, bailar, jugar o reunirse solo para divertirse parece tiempo perdido.
Las modas y las expresiones culturales de cada generación responden también a la necesidad de autoafirmarse, construir una identidad propia y encontrar elementos con los cuales sentirse identificados. En este caso, el fenómeno nació y se colectivizó en las plataformas digitales, pero terminó trasladándose también al espacio público.
Eso es lo verdaderamente importante. Aunque puede ser una moda pasajera, hay en las batallas de aura un punto de encuentro donde las y los jóvenes reclaman el espacio público, hacen uso de él, sonríen, se divierten y ejercen su derecho al ocio.
Y aquí es donde este fenómeno aparentemente banal adquiere una dimensión política.
Hay una idea que desde algunos espacios políticos, entre ellos Movimiento Ciudadano, se ha planteado y que me parece pertinente para pensar este fenómeno: el derecho a la alegría.
Las batallas para farmear aura me recuerdan eso. Hay cosas que pueden o no tener sentido para nuestra generación, pero no por ello dejan de tener importancia para la juventud de hoy, que busca elementos para ser feliz y sonreír en una sociedad que constantemente nos exige que la fuente de la felicidad sean los objetos, las cosas que podemos comprar.
Salir a las calles, generar un encuentro y compartir el tiempo nos hace sentir que realmente pertenecemos al espacio que decimos habitar, pero del que la mayoría de las veces somos solo espectadores.
Habitar un espacio público no es solo estar físicamente en él; también implica apropiarse simbólicamente de ese espacio.
¿De quién es el espacio público? Si las y los jóvenes salen a la calle, se encuentran, bailan, se divierten, hacen ruido, gozan y generan comunidad, ¿por qué consideraríamos estas actividades menos legítimas que otras formas de ocupar la ciudad?
Quizá eso sea lo que realmente estamos viendo cuando una generación sale a “farmear aura”: no jóvenes perdiendo el tiempo, sino jóvenes encontrándose. Y, en una época marcada por la soledad y el individualismo, encontrarse también es una forma de resistencia.

Socióloga por la UAdeC, activista por los derechos de las mujeres, Consejera Nacional de Movimiento Ciudadano y promotora de la lectura.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de TELEDIARIO; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.