
Cosas Banales
Las vacaciones de verano

En mis tiempos, las vacaciones de verano parecían eternas. Al principio se agradecían, pero después ya eran desesperantes.
Mi mejor época estudiantil fue la primaria. Ahí sí era bueno, pues siempre aparecía en los cuadros de honor, participaba en concursos estatales y andaba peinado con limón, al más puro estilo de Benito Juárez.
Ya después me convertí en un hijo de la fregada, capo entre los anarquistas.
Pero, eso sí, las vacaciones no eran como las de ahora, aunque quizá duraban lo mismo.
Antes, nada de 'cursos de verano'. Había de dos: o te quedabas en casa ayudando con las tareas del hogar que tus papás repartían entre tú y tus hermanos, o te llevaban al trabajo para que ayudaras.
Nada de permanecer todo el día echado en la cama viendo caricaturas. O igual sí, pero no durante tantas horas como ahora, porque antes no había streaming, sino que dependíamos de la programación de la televisión, generalmente en el Canal 5 y, después, en el Canal 7.
El día alcanzaba para todo. Mis hermanos y yo veíamos Los Thundercats, He-Man, Los pitufos, El inspector Gadget, El conde Pátula y muchos otros programas. Si se te pasaba la hora, valías gorro, pues no había plataformas, repeticiones inmediatas ni manera de regresar el capítulo.
En la mayoría de las familias no trabajaban ambos padres, sino uno de ellos. Por eso te quedabas al cuidado de mamá o, en última instancia, de los abuelos.
Eso sí, los derechos y obligaciones, castigos y beneficios tenían que repartirse entre todos los hermanos.
En mi caso, afortunadamente, mis papás tenían sus negocios en la misma casa. Mis primos, en cambio, sí debían irse a trabajar al campo, porque las vacaciones coincidían con el periodo de cosecha en las tierras de don Manuel Estévez, mi abuelo, quien desde la madrugada y bajo las inclemencias del sol ponía a trabajar a sus nietos.
Gracias a la distancia entre Alchichica y Guadalupe Victoria, yo no tuve que pasar por aquellas rudas, aunque seguramente formadoras, experiencias.
Lo que nunca faltaba era el momento de salir a la calle a echar las retas de fútbol. Nos sentíamos Jorge Campos, Ramón Ramírez, Nacho Ambriz, Claudio Suárez, Marcelino Bernal o cualquier otro crack de aquella época.
También teníamos la libertad de invitar a nuestros amigos a jugar a las escondidas, al cancán o a los carritos. Construíamos carreteras en la tierra con un nivel de ingeniería civil que ya quisieran muchos de los corruptos constructores gubernamentales.
Y en algún momento del día, inevitablemente, nuestros papás nos obligaban a hacer la tarea que nos habían dejado en la escuela.
Con el tiempo descubrí que aquellos canijos maestros dejaban tarea para las vacaciones de verano, aunque no servía de mucho, porque ni siquiera contaba para la calificación. Era una actividad condenada al limbo entre el final de un ciclo escolar y el comienzo del siguiente.
De lo que sí estoy seguro es de que, con el paso de las semanas, nuestras madres ya estaban hasta la madre de nosotros. Les habíamos colmado la paciencia, nos traían amenazados todo el tiempo y, por eso, a todos comenzaba a urgirnos el regreso a clases.
Hoy noto que las vacaciones de verano son distintas. Tenemos a nuestros hijos sobreprotegidos. Muchas veces los dejamos al cuidado de la niñera 'tableta' o del niñero 'celular'. No les tenemos paciencia y tampoco nos tomamos unos minutos para jugar, platicar o interactuar con ellos.
El hecho de que ahora ambos padres tengamos que trabajar provoca que, en muchas ocasiones, los niños se queden solos o pasen buena parte del día frente a una pantalla.
No es el caso de mis hijos. Gracias a Dios, tenemos a la abuela Lola, que los cuida, los procura y los consiente.
Por lo menos sé que, cuando crezcan, recordarán con cariño aquellos veranos al lado de su abuela. Y quizá ahí estará la gran diferencia conmigo. Mientras que a mí las vacaciones terminaban por desesperarme, ellos querrán vivir siempre de vacaciones.

Conductor de Telediario y MVS Noticias, columnista de Milenio, corresponsal nacional y analista internacional, he pasado buena parte de mi vida profesional hablando de política, gobiernos, elec...
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