Desde la noche del lunes, oficiales federales resguardan las instalaciones forenses en Tlaquepaque mientras continúan las diligencias periciales y la liberación de los cuerpos de los elementos que perdieron la vida en cumplimiento de su deber.
Una madre buscadora puso fin a más de ocho años de incertidumbre, pero el desenlace fue el más doloroso, al saber que su hija pasó 8 años sin ser identificada.
Luego de divcersos trámites por la normatividad, el SEMEFO de Chilpancingo liberó el cuerpo del menor de edad. La abuela materna, quien viajó desde la Ciudad de México, fue la encargada de recibirlo.
Hasta el momento sus restos permanecen en el Semefo de Puebla, sin embargo, ningún familiar se ha acercado para reclamar el cuerpo a dos meses de ser hallada sin vida en pleno centro.
Uno de los cuerpos fue localizado en la carretera Uruapan–Paracho, a la altura de la comunidad indígena de Capacuaro; la Fiscalía de Michoacán ordenó trasladarlo a Semefo.
El IJCF detalló que en 2014, la toma de muestra de ADN a personas fallecidas que recién ingresaban no era un proceso estandarizado y solo se hacía por solicitud del Ministerio Público.
El cuerpo de Magdalena Pérez López permaneció 11 años en el SEMEFO de Jalisco sin ser identificado ni entregado a su madre, causando gran enojo e impotencia familiar.
El personal del motel intentó establecer comunicación telefónica con el ocupante para informarle sobre la finalización de su periodo de estadía; sin embargo, la respuesta nunca llegó.
Tras el levantamiento de cuerpos a cargo del Semefo, los restos de los dos infantes de uno y ocho años de edad se encuentran bajo análisis para determinar si murieron por envenenamiento.