Felipe, quien se desempeña como taxista, viajó a ese destino para entregar un automóvil; su llegada fue confirmada mediante una videollamada con la familia. Sin embargo, horas más tarde comenzaron a recibir llamadas de extorsión.
La mujer denunció la sustracción del menor en 2025, sin embargo, el padre, funcionario del gobierno estatal, consiguió anular la búsqueda al argumentar que no estaba desaparecido.
Jorge Enrique acostumbraba introducirse en los estanques de la propiedad con el fin de recolectar nueces que caían de los árboles cercanos y quedaban atrapadas en el agua.