
El Pulso de la Ciudad de México
Morena: Urge barrer la escalera desde arriba

El pragmatismo tiene un límite y a MORENA le urge limpiar la casa con algo contundente. Al llegar a sus quince años, el partido político más exitoso de México en el siglo XXI ya no puede darse el lujo de no proceder contra cuadros coludidos con el crimen organizado por cálculo político.
Por usar su terminología: tiene que barrer la escalera de arriba hacia abajo y no sólo de abajo hacia arriba, ante el riesgo de que la podredumbre siga haciendo metástasis.
Uno, dos o tres alcaldes ya no bastan. El impacto sobre la marca política ya se acusa, en especial en las encuestas internas, que marcan que la corrupción ha desplazado a la seguridad como principal punto negativo para el partido.
Por muy bueno que sea el producto -y MORENA lo es-, la reputación de éste eventualmente comienza a afectarse, si es que se ve golpeada de manera continua.
Y eso es justamente lo que está sucediendo. A lo largo de los últimos meses, conforme avanza la operación Enjambre, se han multiplicado los escándalos de cuadros gobernantes morenistas vinculados al crimen organizado.
Los dos casos más recientes son los del depuesto alcalde de Juchitán, Miguel Sánchez y el de Suchiapa, Jorge Lorenzo Lara. Ambos, se presume, operaban para un cártel de la droga.
Puede argumentarse que Enjambre es el antídoto contra esa podredumbre y el argumento tiene parcialmente razón. Porque la agresividad de la quimioterapia debe elevarse, si es que se quiere eliminar el problema en los niveles donde más cuenta.
Ciertamente, la operación encabezada por el secretario de seguridad, Omar García Harfuch, está sirviendo para limpiar la casa, pero solo en la planta baja, con personajes de bajo nivel.
Los cuartos superiores siguen cerrados. Para ponerlo claro: la escalera sólo se está barriendo de abajo hacia arriba y eso, en determinados casos.
El verdadero reto se halla en las grandes ligas. El grosero caso de Amilcar Olán y sus indecibles vínculos con el crimen organizado marcan al partido y muestran un extraño e incomprensible nivel de permisividad.
En lo estatal, la escena no pinta bien, tampoco. No se ha procedido contra ningún personaje señalado por Washington y prácticamente todas las acusaciones que se han lanzado sobre las clases políticas de Baja California y Sinaloa han quedado en llamados a misa ante una supuesta falta de evidencias.
En corto, varios dirigentes con los que he platicado admiten que los casos de corrupción tienen en buena medida su origen en el pragmatismo de Andrés Manuel López Obrador, quien abrió las puertas del movimiento a todo tipo de personaje, sin importar el costo.
Lo que en su momento era un cálculo orientado a ganar a como diera lugar, ahora se traduce en la erosión de la credibilidad del partido en tiempo récord.
Eso es cierto en cierta medida y hasta cierto nivel. Indudablemente, corrupción hay en todos los partidos. Pero Morena se fundó bajo ese principio: combatirla. Por eso, también debería ser parte del balance de estos 15 años lo que está pasando.
Porque un partido que en apenas década y media pasó de ser una fuerza minoritaria a dominar buena parte del mapa político nacional no puede solo pensar en ganar elecciones a cualquier costo. Ahí está el ejemplo de lo que pasó al PAN de Felipe Calderón, que se desahució en el pragmatismo de aliarse con quien fuera, incluidos criminales.
Morena tiene mucho que celebrar este miércoles. Pero también mucho que limpiar. Si bien su ascenso político ha impuesto récords, debe actuar para evitar que la podredumbre también los imponga.

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