
Tu dosis de salud mental
El mandato de la felicidad moderna: por qué sentimos que tenemos que estar bien todo el tiempo

Te preguntan “¿cómo andás?” y contestas “bien, todo bien”, aunque no lo estés. La felicidad no es un lugar al que se llega: nos movemos con nuestras emociones, y si a veces estamos más alegres, ¿qué pasa cuando toca estar tristes o enojados?
No fracasamos porque no logramos “ser felices” todo el tiempo. Sin embargo, la cultura de la felicidad nos dice que hay que sonreír, aprovechar al máximo, ser positivo. Se convierte en un tipo de positividad tóxica. Y no está mal querer ser feliz, pero si perdemos de vista que la alegría no es un destino final, sino una emoción más que habitamos durante el día y que puede desaparecer de un momento a otro, la exigencia de estar de una determinada manera puede ser algo insoportable.
Para empezar, la felicidad no es la ausencia total de emociones difíciles, aunque el mandato de la felicidad moderna nos hace creer que sí.
¿Por qué si estamos tristes, ansiosos o aburridos sentimos que estamos haciendo las cosas mal? Porque nos hicieron creer que se puede estar feliz todo el tiempo, y que es algo que solo depende de uno mismo. Si no sos feliz significa que fracasaste. O que no intentaste lo suficiente.
La vara con la que se mide el éxito es otro de los grandes protagonistas de este fenómeno. En “El sútil arte de que (casi) todo te importe un carajo”, su autor Mark Manson cuenta la historia de Dave Mustaine, uno de los grandes músicos del Heavy Metal que, luego de ser echado de Metallica, una de sus primeras bandas, construyó un éxito gigantesco con Megadeth. A pesar de eso, nunca se sintió del todo feliz con sus logros: él siempre iba a ser el músico que habían echado de Metallica, su anterior banda.
Dave tiene una carrera que ama y que construyó solo, pero la vara que rigió en su vida siguió tan alta y desproporcionada que él siempre creyó que era un fracaso. Su éxito con Megadeth fue menor al éxito que obtuvo Metallica. A pesar de convertirse en una estrella, igual se sintió un fracasado toda la vida.
Y ahora, ¿qué dice nuestra vara de la felicidad bajo nuestros propios parámetros?, ¿también son tan desproporcionados? En muchos casos sí. La comparación con otros muchas veces engaña; nos evaluamos bajo estándares muy distintos: comparamos un lunes gris nuestro al lado de la foto soñada de alguien más, y entonces quedamos muy por debajo de la expectativa.
Si querés cambiar cómo percibes tus problemas, observa con qué vara medís tu éxito (o fracaso) personal. Si la vara es “estar bien siempre”, siempre vas a sentir que no llegás. Lo que importa son los parámetros: Cómo nos vamos a sentir va a depender de qué valores vamos a utilizar para medir la sensación de éxito o fracaso.
Podés atravesar un momento difícil y, sin embargo, sentir que tenés una vida plena y valiosa. Porque estar mal en un determinado momento no significa tener una vida que no vale nada.
La alegría, esa emoción que todos queremos tener cerca y que es la gran protagonista en el mandato de la felicidad, tiene una función adaptativa: nos muestra aquello que valoramos. Pero la alegría es pasajera; aparece para mostrarnos algo y se va. Y acá hay otro choque fuerte con la exigencia de nuestra época: pasar de querer sentirnos bien a pretender sentir bienestar como estado permanente. Si buscamos algo imposible vamos a ir derecho al fracaso.
Se puede buscar una posición más realista, equilibrada, y construir una relación saludable con la alegría. ¿Cómo? Aprendiendo a disfrutar de estar bien sin negar los momentos difíciles. Lo opuesto a la positividad tóxica no es la negatividad, es la validación: decirte “esto duele y tiene sentido que duela” antes de querer arreglarlo. Se puede disfrutar de estar bien sin la obligación de estar siempre “arriba”. Los extremos rara vez pueden sostenerse en el tiempo, por eso es mejor tratar de integrar todas las emociones y dejar de obsesionarse con estar feliz.
Un dato importante: Si sentís que la alegría nunca está presente, también es un signo de alarma para charlar con tu círculo íntimo, y de necesitarlo, hacer una consulta con un profesional.

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