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Tu dosis de salud mental

Marina Mammoliti


Hablar del suicidio también es prevenir

Septiembre Amarillo
Septiembre Amarillo | Magnific
Ciudad de México

Hay conversaciones que evitamos porque creemos que nombrarlas pueden convertirlas en algo real. Eso nos pasa con el suicidio.

Muchas personas todavía piensan que puede ser peligroso poner sobre la mesa la posibilidad de que alguien piense en suicidarse. Porque podría dar una muy mala idea a alguien que antes no tenía. Pero la evidencia nos dice que preguntar por el suicidio no aumenta las ideas ni las conductas suicidas. En cambio, puede ayudar a detectar sufrimiento y poder actuar a tiempo.

Hablar no es lo mismo que solucionar, pero puede ser el comienzo para que alguien deje de atravesar un profundo dolor en soledad.

A veces el sufrimiento aparece disfrazado de irritabilidad, aislamiento, desesperanza o agotamiento. Por eso es tan importante escuchar con presencia plena para poder comprender (y sentir) que hay detrás de las palabras.

La Organización Mundial de la Salud sostiene que el suicidio es prevenible y que la prevención requiere múltiples estrategias, entre ellas reducir el estigma, fortalecer el acceso a atención y favorecer que las personas puedan pedir ayuda.

Poner en palabras el sufrimiento puede ser una forma de empezar a pedir ayuda.

No significa que una conversación vaya a resolver una crisis. Significa que esa conversación puede permitir que aparezca algo que antes permanecía oculto: la posibilidad de pedir ayuda.

La pregunta directa, ¿sí o no? No hay una sola respuesta, lo más importante es que estés disponible para acompañar y escuchar.

Si haces la pregunta directa, no tengas miedo de que funcione como una invitación a hacerlo. Las investigaciones disponibles demuestran que preguntar por pensamientos suicidas no provoca un aumento de la ideación.

Y ahora algo muy importante: qué hacemos con la respuesta. No conviene discutir. Ni minimizar. Mucho menos, decir frases como “tenés que ser fuerte”, “pensá en todo lo bueno que tenés” o “hay gente que está peor”. Cuando alguien está atravesando un sufrimiento intenso, buscar convencerlo de que “no hay motivos” puede hacer que se sienta todavía peor.

A veces, lo que más se necesita es que alguien pueda quedarse cerca de ese dolor sin asustarse. Aunque no tenga soluciones mágicas.

Qué podemos responder: “Estoy acá con vos.” “No quiero que atravieses esto solo.” “Vamos a buscar ayuda juntos.”

Si existe un riesgo inmediato, hay que evitar que esa persona se quede sola y acudir a un servicio de urgencias. El acompañamiento afectivo es importante, pero no reemplaza la intervención profesional.

Pedir ayuda no es exagerar: es cuidar. El silencio pocas veces protege. Si estás sufriendo, pero nadie se anima a preguntarte qué te pasa, ese sufrimiento queda encerrado. Y se potencia. Cuando se comparte y se acompaña aparece un primer alivio. Y no digo que hablar elimine mágicamente el dolor, pero puede transformarlo.

Muchas veces pensamos que la prevención solo corresponde a una escena institucional y lejana con campañas y protocolos. Pero también existe la prevención cotidiana y es fundamental.

Cuando una persona tiene la posibilidad de compartir el sufrimiento con alguien más, de confesar “esto me está pasando y no lo aguanto más”, aparece la posibilidad que el silencio nos quita: ofrecer compañía.

No siempre vamos a saber qué decir. No siempre vamos a poder aliviar el dolor del otro. Pero podemos preguntar. Podemos escuchar. Quedarnos cerca. Y podemos ser parte de la red que necesita para pedir ayuda profesional.

No necesitamos convertirnos en terapeutas para acompañar a alguien. Necesitamos dejar de tenerle miedo a la conversación. “¿Cómo estás, de verdad?”, puede ser el comienzo de algo que una persona necesita con urgencia: dejar de sentirse sola.

Recursos para la prevención del Suicidio en México:

  • Línea de la Vida: 800 911 2000

Es el servicio de orientación telefónica de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA), dependiente de la Secretaría de Salud.

La atención gratuita. Funciona 24 horas, los 365 días del año.

Atiende problemas de salud mental, crisis emocionales, depresión, ansiedad, consumo de sustancias y conductas o pensamientos suicidas.

Puede llamar tanto la persona que está atravesando una crisis como un familiar, amigo o alguien preocupado por otra persona.

Los profesionales pueden brindar contención, primeros auxilios psicológicos y, cuando es necesario, derivar a servicios especializados presenciales.

  • Emergencias — 911

Si existe riesgo inmediato para la vida, la recomendación oficial es llamar al 911, el número nacional de emergencias.


noticia escrita por
Marina Mammoliti
Marina Mammoliti

Licenciada en Psicología, divulgadora científica, creadora del podcast Psicología al Desnudo y autora del libro Frená tu cabeza. En 2021 fundó Psi Mammoliti, una plataforma internacional de Psi...

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