Contando muertos
- ¡Ahí les voy!
-
-
Leonardo Schwebel
Nos la pasamos contando muertos. Otra vez esa frase de nuestra la realidad. Una tragedia que lleva demasiados años cambiando de escenario, pero jamás de libreto. Sumamos las víctimas en motocicletas, transporte público, accidentes viales, homicidios dolosos, feminicidios, balaceras, los cuerpos encontrados en fosas clandestinas y los desaparecidos que un día dejan de ser una ficha de búsqueda para convertirse en una cifra más. Nos hemos acostumbrado a llevar la contabilidad del horror.
Lo más grave no es solo la violencia. Lo más lamentable es que dejó de sorprendernos. Se volvió cotidiana. La muerte dejó de ser noticia para convertirse en rutina.
Venimos de la tregua mundialista. Durante unas semanas el futbol ocupó conversaciones y portadas. Parecía que el país respiraba distinto. Pero terminó y la realidad sigue exactamente donde la dejamos. Ahí estaban otra vez las extorsiones, los reclutados, la violencia familiar, las riñas que terminan en tragedia, los ataques armados y el miedo instalado en colonias, carreteras y comunidades enteras.
Lo que vivimos ya no puede explicarse solamente con la presencia del crimen organizado. Estamos frente al deterioro del tejido social. La violencia está en las calles, pero también en las casas, en las escuelas, en los trabajos y en la convivencia diaria. La intolerancia sustituye al diálogo; la agresión reemplaza a la razón. Y eso resulta todavía más difícil de combatir que cualquier organización criminal.
Mientras tanto, desde el poder insisten en decirnos que todo va bien. Que los indicadores mejoran. Que la estrategia funciona. Que hay coordinación y resultados. Esa narrativa podrá servir para una conferencia de prensa, pero se derrumba cuando se enfrenta con la vida cotidiana de millones de mexicanos.
No se construye paz maquillando cifras ni administrando discursos. La seguridad no se presume; se siente. Y mientras la sociedad siga despertando para contar otro muerto, otra desaparecida, otro joven asesinado, otra mujer ultrajada, cualquier mensaje triunfalista sonará ofensivo. Porque la autoridad puede intentar controlar la perorata, pero jamás podrá esconder la realidad. Y es brutal: seguimos contando muertos. La mayoría, jóvenes. Sin resultados, sin castigos, sin remedios.
- Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de TELEDIARIO; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
-