"Perseguí a un extraño por una lata": Francisco y el arte de crear una colección de 2 mil 500 piezas durante 30 años
Luego de perder su primera colección en un robo durante los 80, Francisco, quien vive en Puebla, reconstruyó un imperio de aluminio que hoy resguarda piezas únicas de Jerusalén, Alemania y el mundo.
Para la mayoría de personas, una lata vacía no es más que un residuo destinado a terminar en el fondo de un basurero, un objeto desechable que cumplió su propósito luego de darle el último trago. Sin embargo, para Francisco Román, un poblano de 56 años, estas piezas de aluminio son cápsulas del tiempo que respiran historias, viajes y pasión.
El equipo de TELEDIARIO Puebla, tuvo la oportunidad de entrar a su hogar y admirarse con aquello que muchos han pensado que es 'basura', pero en esta casa poblana se transforma en una imponente colección de aproximadamente 2 mil 500 piezas que han sobrevivido al paso de las décadas, a los cambios de diseño y, lo más doloroso, a la delincuencia que intentó arrebatarle su pasión.
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Así, en exclusiva, te presentamos la colección de un hombre que decidió que la historia de la humanidad también puede leerse a través de las etiquetas de los refrescos y las cervezas.
Los inicios de la colección: de una pirámide en una revista al atroz robo de la colección
La chispa de esta pasión no nació en una fábrica y mucho menos por amor al refresco, sino en las páginas de una revista de espectáculos a mediados de los años 80.
Francisco, que entonces apenas rondaba los 20 años, quedó impactado por una fotografía del actor Rafael Sánchez Navarro, quien lucía orgulloso una pirámide de latas en su refrigerador.
"Me llamó la atención y pues empecé a juntarlas", relata Francisco con la sencillez de quien no sospechaba que ese pequeño gesto marcaría los siguientes 30 años de su vida.
Sin embargo, el camino del coleccionista no se salvó de las tragedias. Apenas unos años después de haber iniciado, un robo en su domicilio lo dejó sin sus piezas más antiguas, aquellas joyas de los 80 y que hoy serían invaluables.
Dato curioso
Pero lejos de rendirse, Francisco renació de las cenizas de ese incidente. Volvió a empezar de cero, con una tenacidad que lo llevó a perseguir extraños por la Feria de Puebla solo para conseguir un envase:
"Vi una persona con una lata de Sangría Zambra (española)... la seguí como cinco o seis pasillos hasta que vi que la desechó y en ese momento la recogí".
Esto lo recuerda como una de sus anécdotas más vívidas sobre el esfuerzo que implica el "arte de coleccionar cosas".
"Con toda la pena del mundo, pues yo logro mi objetivo, ¿no?, que es tener parte de mi colección".
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La consumación de una colección y el encanto de sus allegados por verla crecer
Con el tiempo, la colección dejó de ser una búsqueda solitaria para convertirse en un lazo familiar.
"Cada lata tiene su historia de cómo la conseguí... porque lo más fácil es ir a la tienda y comprarla y guardarla, pero pues hay latas que no es así".
Las latas de Francisco han viajado desde los rincones más remotos del planeta. Tiene piezas de Brasil, Cuba, Inglaterra y Alemania; esta última, un regalo de su hermano que incluye una válvula especial para generar espuma, un diseño ajeno al mercado mexicano.
"Ahorita puedes comprar 50 latas diferentes, pero todavía no va a ser una colección buena porque no tiene historia".
Dato curioso
Una de sus posesiones más queridas es una lata escrita en hebreo, traída por su tía Mari desde Jerusalén, la cual tuvo que ser "restaurada" por Francisco con aire a presión después de que una prima la abollara accidentalmente, justamente al creer que era basura.
"La inflé con aire a poca presión para que no se fuera a reventar y logré enderezarla".
Para él, una lata no es buena solo por su rareza, sino por la historia que carga. Por ello, atesora la edición conmemorativa del Mundial 2018, cuando México venció a Alemania.
"Cada lata tiene su historia de cómo la conseguí... eso hace que no sea solo una compra, sino una colección con alma", afirmó con convicción.
Mantener este museo personal requiere de rigor y amor por las cosas, por esta razón Francisco evita la luz directa para que no se "coman el color" y cuenta con el apoyo de su familia para la limpieza y el acomodo de las piezas, que ahora enfrentan el reto de los nuevos diseños cilíndricos que ya no encajan en sus muebles.
Dato curioso
A pesar de que algunos podrían creer que es un esfuerzo en vano, él se mantiene firme.
"Hay gente que dice que es basura... pero el alma de un coleccionista es tener sus cosas hasta que pueda".
Al preguntarle si vendería este legado por una cifra que cambie su vida, su respuesta es la de un romántico:
"Ahorita yo creo que no...".
Al ser cuestionado sobre si espera un día ver esta colección en otro espacio donde luzca mejor, la respuesta es sí, así que no dudará en generar este espacio para que las futuras generaciones puedan admirar su legado.
Francisco no busca dinero; busca que, cuando él ya no esté, alguien más siga haciendo crecer estas 2 mil 500 historias que un día fueron rescatadas del olvido, de la venta por kilo y sobre todo de la contaminación.
ERV
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