La vida no siempre es como queremos: Cómo dejar de sobrepensar y aceptar lo que no se puede controlar
Aprender a tolerar el no saber qué pasará mañana exige detener el flujo de pensamientos.


Si la dificultad para manejar los cambios sin planear altera la vida de las personas, puede ser un signo de intolerancia a la incertidumbre, la cual puede convertirse un problema que requiere de atención de profesionales de la salud, de acuerdo con el psicólogo Michel Dugas.
Aprender a tolerar el no saber qué pasará mañana exige detener el flujo de pensamientos. Las personas necesitan modificar ciertos hábitos de conducta para recuperar la atención en las tareas del presente.

La influencia del teléfono celular en la ansiedad
La tecnología modifica la forma en que el cerebro procesa la falta de información. El uso de teléfonos inteligentes permite obtener respuestas en instantes sobre casi cualquier tema de consulta.
Esta inmediatez elimina las oportunidades para practicar la espera y tolerar la falta de control. Las personas pierden la costumbre de no saber qué ocurrirá en las próximas horas de su jornada.
Ejercicios para tolerar la falta de respuestas
Cuando la incomodidad por no saber qué ocurrirá interfiere con las labores del día, se requiere apoyo. Dugas explica que los pacientes necesitan exponerse a la duda mediante experimentos de conducta.
Un método en la terapia consiste en esperar 48 horas antes de revisar un correo de trabajo. Esta práctica también se aplica al momento de consultar un resultado de laboratorio publicado en internet.
Al principio del ejercicio, la persona registra angustia por carecer de los datos de su caso. La necesidad de revisar las plataformas disminuye al segundo día de mantener la pausa de revisión.
El cerebro humano aprende a soltar el control cuando enfrenta aquello que le genera temor. Acciones de bajo riesgo como salir a la calle sin el celular ayudan a entrenar esta resistencia.

Qué hacer cuando los planes cambian
Ryan Jane Jacoby, investigadora del Hospital General de Massachusetts, propone detener la búsqueda de certezas. Si surge un problema, la persona debe evaluar primero si la situación está bajo su control.
Si el conflicto tiene solución, se sugiere elegir entre tres opciones para tomar una decisión. El paso a seguir es no volver a analizar la elección una vez que la medida se ejecutó.
La investigadora aclara que las personas deben aceptar que no existe una alternativa sin fallas. Retomar el análisis sobre lo que ya se decidió genera un ciclo de desgaste de energía.
El papel de la atención en el presente
Cuando una situación sale del alcance de la persona, se recomienda la aceptación de los hechos. La concentración en el momento de hoy desvía la mente de los pensamientos que se repiten.
Buscar una actividad que demande atención frena el hábito de sobrepensar los escenarios del mañana. Esta práctica permite redirigir el enfoque hacia las acciones que se pueden realizar en este momento.
Adaptación y aceptación de sorpresas
La escritora Pema Chodron indica que evitar la falta de certezas es una labor sin resultados. Los imprevistos y el no saber qué sigue forman una parte de la rutina de los humanos.
Jacoby propone recordar la etapa de la infancia, donde las sorpresas generaban curiosidad y no temor. Los adultos tienden a visualizar todos los escenarios de riesgo ante una modificación de la rutina.
Modificar este esquema mental permite a la persona mantener una estabilidad ante la falta de información. Dugas concluye que aceptar un entorno con dudas es el paso para mejorar la vida de hoy.
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ZNR

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