“Era pura risa, siempre cantaba”: Exigen justicia para Aranza, menor de 7 años que murió durante un operativo policial en Matamoros
Claudia Pardo relata cómo su hija Aranza, de siete años, murió durante una persecución de una aeronave en Matamoros, Tamaulipas. La madre exige que se esclarezcan los hechos y se haga justicia.


Claudia Pardo García recuerda a su hija Aranza, una pequeña de siete años a quien en casa llamaban de cariño 'La China', por su cabello rizado y cuya alegría llenaba de vida cada rincón de su hogar.
Hoy, esos recuerdos se mezclan con el dolor de una madre que no encuentra explicación a lo ocurrido y que tiene una sola exigencia: justicia.
“Era una niña muy alegre, le gustaba mucho cantar, siempre estaba riéndose, nunca estaba enojada. Era pura risa… apenas empezaba a vivir”.
Aranza no tenía por qué morir, cursaba segundo de primaria, disfrutaba cantar y permanecía cerca de su familia; era una de siete hijos y, aunque no era la menor, mantenía una relación muy especial con su madre, a quien acompañaba prácticamente a todas partes.
Su vida terminó durante los hechos violentos registrados el jueves 29 de octubre en Matamoros, cuando una aeronave de la Policía Estatal siguió la camioneta en la que viajaba la familia y desde el aire se realizaron disparos que alcanzaron a la menor y dejaron lesionada también a su madre.
Claudia reconstruye aquellos momentos con dificultad, su voz se quiebra al recordar una persecución que, asegura, comenzó a la altura de la colonia Esperanza y terminó en un predio familiar rumbo al ejido Las Rusias.
Eran aproximadamente las 12:51 horas cuando recibió una llamada de su esposo, quien se encontraba trabajando y le pidió que pasara por él. Claudia salió de su domicilio rumbo al centro de la ciudad para después de recogerlo; ambos emprendieron el regreso hacia su vivienda, sin imaginar que aquel recorrido se convertiría en una tragedia.
Al avanzar por la avenida Rigo Tovar, a la altura de la colonia Esperanza, Claudia observó que un helicóptero comenzaba a seguirlos.
“Yo le dije: nos vienen siguiendo a nosotros y él me decía que no, que no nos iban a hacer nada”, recuerda.
En medio de los bloqueos que se registraban en diferentes avenidas y accesos carreteros, la familia buscaba una ruta para llegar a su casa. Al encontrar cerrada la entrada habitual hacia Las Rusias, decidieron continuar hasta otro acceso cercano a unos terrenos que habían adquirido.
El helicóptero, afirma, no dejó de seguirlos
“Nos empezó a rondar, dio dos vueltas en el aire alrededor de nosotros. Mi esposo se bajó de la camioneta y les decía qué era lo que querían, por qué nos seguían”, relata.
En el vehículo viajaban Claudia, su esposo y varios de sus hijos, cuatro de ellos menores de edad. La mujer asegura que los vidrios estaban abajo y que desde la aeronave podían observar perfectamente quiénes ocupaban la unidad.
La situación cambió en cuestión de segundos
Su esposo intentaba abrirle la puerta para que pudiera descender cuando comenzaron las detonaciones desde el helicóptero. Uno de sus hijos, de 13 años, ya había bajado de la camioneta y recibió impactos de bala, por lo que corrió a refugiarse en la vivienda que estaban construyendo.
Claudia permanecía en el asiento trasero junto con sus hijas, el miedo se apoderó de ellas.
“Mi hija la mayor, de 12 años, me dijo: ‘Mami, yo tengo miedo’. Yo solamente le dije que se hiciera hacia atrás, que se pegara al asiento”, recuerda.
No habían pasado ni diez segundos cuando otra de sus hijas le dio la noticia que ninguna madre debería escuchar.
“Mami, ya mataron a China, le pegaron en la cabeza”.
La pequeña Aranza había recibido un impacto en la cabeza, su padre intentó abrir la puerta para auxiliarla, mientras Claudia trataba de bajar de la camioneta, sin darse cuenta inicialmente de que también estaba herida en una rodilla.
Al intentar salir, perdió el equilibrio y cayó. Con las lesiones que presentaba, se arrastró hasta la parcela cargando a su hija.
“Yo me arrastré con la niña hacia la parcela. El helicóptero seguía dando vueltas arriba de nosotros y yo les decía que ya lo dejaran, porque estaba tirada con la niña. La niña ya estaba sin vida”, relata.
La escena no terminó ahí: mientras Claudia y su esposo permanecían junto al cuerpo de Aranza, uno de sus hijos recibió instrucciones de retirarse para buscar ayuda con su abuelo, sin embargo, la madre asegura que la aeronave continuó siguiendo la camioneta cuando otros de sus hijos intentaban alejarse del lugar.
“Ellos solamente iban a pedir ayuda. Ya solamente iban cuatro menores arriba de la camioneta y les siguieron haciendo disparos”, sostiene.
Claudia insiste en que nunca existió una agresión de su familia contra los elementos policiales que justificara el uso de las armas.
Reconoce que intentaban esquivar los bloqueos porque tenían miedo de quedar atrapados en medio de la violencia que se vivía ese día, pero asegura que nunca representaron una amenaza.
“Nosotros no hicimos nada. No éramos personas malas. Mi hija apenas empezaba a vivir, como para que ellos hayan accionado el arma y la hayan matado”, expresa.
Una despedida que tuvo que vivir entre el dolor y una cirugía
La tragedia también dejó a Claudia con lesiones que requirieron intervención quirúrgica. Debido a los bloqueos y las condiciones de inseguridad, la ambulancia tardó aproximadamente dos horas en llegar para trasladarla a un hospital.
Mientras los médicos atendían sus heridas, su hija esperaba una despedida que su madre no sabía si podría darle.
Después de la cirugía, Claudia pidió el alta médica para regresar y acompañar a Aranza durante sus últimos momentos de despedida.
“Yo pedí el alta para poder venir a acompañar a mi hija. La estuve velando el viernes en la noche, el sábado me quedé a enterrarla y me regresé el domingo al hospital”, cuenta.
Actualmente enfrenta un proceso de recuperación que podría tomar entre cinco y siete meses, le retiraron tejido óseo dañado de la rodilla izquierda y deberá someterse a terapias para recuperar la movilidad.
Pero mientras su cuerpo intenta sanar, hay una herida que no tiene tratamiento médico: la ausencia de su hija.
“Ha sido muy difícil. Mi niña siempre estaba conmigo”, expresa.

No pide explicaciones, exige justicia
A varios días de los hechos, Claudia asegura que hasta el momento solamente se ha recabado su declaración, pues las condiciones de salud en las que permanecía hospitalizada le impidieron acudir personalmente a presentar la denuncia correspondiente.
Afirma que su familia fue informada de que ya estaban identificados los cuatro elementos que viajaban en el helicóptero, aunque todavía se realizarían pruebas para determinar quién accionó el arma.
La madre cuestiona qué más necesitan las autoridades para esclarecer lo sucedido.
“Ya tienen videos, tienen testimonios, tienen el calibre de la bala. Tienen fragmentos que quedaron alojados en la pierna y en la cabeza de la niña. No sé qué esperan, no sé qué más pruebas quieran”, reclama.
Su exigencia es que se investigue a fondo, se identifique al responsable de los disparos y se aplique la ley sin distinciones.
También tiene un mensaje para las autoridades estatales y para quienes tienen la responsabilidad de garantizar la seguridad de las familias.
“Quiero justicia para mi hija. Quiero que pague el que lo hizo, porque no hubo ninguna agresión de nuestra parte. No somos personas malas como para que hayan disparado nada más porque sí. No fue un accidente, fue con intención”, afirma.
Cuando se le pregunta qué le diría directamente a la persona que disparó desde la aeronave, Claudia no encuentra una explicación que pueda devolverle a su hija.
“¿Por qué accionó el arma? No hubo ninguna agresión de nosotros. Quisiera saber qué pasó por su cabeza”.
Su temor también permanece, reconoce que después de lo ocurrido ya no sabe en quién confiar.
“Uno dice que el Gobierno nos cuida, pero ¿quién nos cuida?”, cuestiona.
Aranza ya no está, pero su madre no piensa dejar de exigir justicia
La familia intenta seguir adelante por los hijos que permanecen en casa, aunque la ausencia de la pequeña se siente todos los días, la niña que llenaba de risas el hogar, que cantaba y a quien todos llamaban 'La China', ya no volverá a cruzar la puerta.
Claudia no puede cambiar lo que ocurrió aquel jueves, tampoco puede recuperar los siete años de vida que le fueron arrebatados a su hija.
Lo único que pide es que su muerte no quede impune, que los hechos se esclarezcan y que quien resulte responsable enfrente las consecuencias.
Porque Aranza no era parte de un enfrentamiento, no era una amenaza y tampoco tenía por qué convertirse en víctima de una operación policial, era una niña de siete años que iba de regreso a casa con su familia.
Y una madre que hoy, desde una cama de recuperación y con el dolor de haber enterrado a su hija, sigue levantando la voz para pedir justicia.
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