¿Podemos tenerlo todo? El costo invisible de ser mujer y profesional en México
- El Apunte de Molinard
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Sandrine Molinard
¿Es posible para las mujeres tenerlo todo: trabajo, familia y una vida equilibrada con espacio para la recreación y el crecimiento personal?
Cuando era niña, mis padres me aseguraron que sí; me motivaron a estudiar y a buscar el éxito profesional. Sin embargo, cuando nació mi hijo y asumí un puesto directivo, entendí que esas historias de éxito suelen tener un lado oscuro.
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Una amiga me contó que renunció a una promoción por miedo a que afectara el tiempo que dedicaba a su hogar.
Historias como la suya confirman que muchas mujeres seguimos limitadas por obstáculos estructurales que nos obligan a elegir y priorizar, una encrucijada que aún no afecta de la misma forma a los hombres.
Sin duda, en los últimos años los derechos de las mujeres han avanzado, pero las desigualdades persisten. A nivel mundial, seguimos ganando, en promedio, un 20% menos que ellos.
En México, la brecha ronda entre el 12% y el 15%. Es decir: a pesar de tener la misma experiencia, formación y resultados, recibimos menos ingresos.
Pero no es sólo el salario; es todo lo que lo rodea. Las mujeres dedicamos más del doble de horas que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerados.
No hablo solo de bañar niños o cocinar, sino de la organización invisible de la vida: recordar vacunas, supervisar tareas, agendar citas médicas o asistir a cumpleaños.
Esa carga mental persiste, incluso en vacaciones. Es un desgaste que no aparece en las estadísticas, pero que pesa cuando llega una promoción que exige más tiempo, viajes o disponibilidad.
Muchas veces no es que no podamos, es que nos duele anticipadamente el sacrificio que implicará para nosotras y para nuestros hijos.
A la desigualdad salarial y la carga de cuidados se suma la culpa, derivada de estereotipos sociales persistentes.
Culpa por no estar suficiente tiempo en casa o por no tener la disponibilidad total de nuestros colegas varones.
Esa sensación de no ser "suficiente" en ningún frente no es una falla individual; es el reflejo de un cambio estructural que aún no termina de fraguar. Nos vendieron que podíamos tenerlo todo, pero omitieron decirnos a qué costo.
La igualdad real llegará cuando el sistema reconozca, redistribuya y valore el trabajo que históricamente hemos cargado: con guarderías accesibles que no consuman la mitad del sueldo, con empresas que valoren resultados y no horas-silla, y con una cultura donde el cuidado deje de ser responsabilidad exclusiva de las mujeres.
Ese cambio no llegará solo.
Mientras tanto, muchas seguiremos marchando este 8 de marzo para reclamar que nuestros derechos se hagan, por fin, efectivos.
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