Mientras el gasto público se vuelca en monumentos y obras estéticas de cara al Mundial, la crisis de servicios básicos, el abuso policial y la tragedia de los desaparecidos revelan una ciudad que prioriza lo visible sobre lo urgente.
Ixtlahuacán de los Membrillos y Tlajomulco vuelven a exhibir una realidad que el discurso oficial intenta maquillar: la crisis de desapariciones no solo sigue, se expande.