Los bebés de la basura
- ¡Ahí les voy!
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Leonardo Schwebel
Tres bebés tirados como desecho. Tres cuerpos encontrados entre bolsas negras, como si la vida cupiera en el mismo sitio que el desperdicio. Y mientras esa escena nos sacude —o debería estremecernos—, otros cinco bebés fueron inhumados por estar sin reclamar en las instalaciones del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses. Ocho historias que empezaron con un llanto y terminaron en silencio.
Uno con el nombre simbólico de María Guadalupe, pero los demás, en el terrible anonimato.
No son estadísticas. No son “casos aislados”. Son la radiografía brutal de una sociedad que se acostumbró a mirar hacia otro lado.
Algo se rompió. Y no fue ayer.
Cuando un recién nacido termina en la basura, no solo hay una madre ausente o un padre que huyó. Hay un sistema que falló antes: educación sexual inexistente, abandono institucional, pobreza normalizada, violencia doméstica invisible, adicciones sin tratamiento, salud mental ignorada. Hay autoridades que presumen cifras mientras la realidad les explota en la cara. Hay políticas públicas que llegan tarde o no llegan.
Pero también estamos nosotros. Porque la indignación dura lo que tarda el siguiente escándalo en aparecer en el celular. Porque compartimos la nota, escribimos “qué horror” y seguimos con la vida. Porque preferimos pensar que es un monstruo aislado y no el síntoma de una enfermedad social profunda.
No hubo siquiera alguien que fingiera buscarlos. Ni una llamada. Ni una pregunta. Son niños que ya nacieron sin nombre, sin abrazo y sin despedida.
Y eso habla de nosotros.
Nos gusta presumir que somos una sociedad “de valores”, que defendemos la vida, que protegemos a la familia. Pero la vida real —la que duele y exige responsabilidad— la delegamos. La escondemos. La tiramos.
¿En qué punto un bebé en la basura dejó de ser una tragedia?
No basta con exigir cárcel. No basta con pedir castigos ejemplares. Hace falta prevención, acompañamiento, refugios reales, protocolos eficaces, educación sexual seria, apoyo psicológico accesible. Hace falta que el Estado asuma su responsabilidad… y que la sociedad deje de fingir que no ve.
Porque cuando un país permite que sus bebés terminen en la basura, lo que realmente está desechando es su propia humanidad.
Y eso, nos va a cobrar la factura.
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