Vertebral
Un moño negro (también en mi puerta)
Conocí a Estela por mi ex asistente (que a la postre se convertiría en mi amiga) Gloria Tallabas, eran hermanas.
Estela era doctora en Ciencias Educativas por la UNAM y murió hace unos días víctima de Lupus, una enfermedad que afecta el sistema inmunológico y se presenta generalmente en mujeres, no hay cura.
Era una mujer muy particular, con la personalidad de una maestra de cualquier salón de clases, muy seria, correcta para hablar y creativa, la mujer publicó un librillo muy “loco”, gracioso, dramático, crudo, coloquial, sencillo, me resulta hilarante leerlo, pero también me genera melancolía, es como sumergirse en la realidad.
Tituló el texto: Lo inesperado (la portada es un eclipse de sol) y dentro del libro, ella misma elaboró las ilustraciones de forma rudimentaria (otra vez) pero real. Le comparto uno de los cuentitos, se llama: Tan sencillo.
“Ya tiene tocando un buen rato la puerta y nadie le abre, Lupe comienza a desesperarse, Qué raro, Martita nunca sale a esta hora, a punto está de irse cuando oye un ruido dentro de la vivienda, toca más fuerte y llama a Martita a gritos.
Entra, Lupe mira a su alrededor, todo es muy extraño ¿Qué pasa Martita? La noto muy rara-. Martita ha estado llorando, sus ojos enrojecidos y su voz entrecortada lo demuestran.
Martita se sienta y comienza a hablar Estoy metida en un grave problema, se clara la garganta y continúa, hace tiempo solicité un crédito en una mueblería para comprar una tele y me lo dieron, la escogí, me la trajeron y empecé a pagar las mensualidades, no había tenido problema, pero ya ves que me caí y no he podido trabajar.
Martita vende tacos de birria en un triciclo, no deja gran cosa, ya tiene más de setenta años, le duelen las articulaciones, tiene presión alta y es diabética.
Lupe es su clienta y amiga, sólo tiene treinta años pero la estima y le preocupa.
Ahora no sé qué voy a hacer, me han estado mandando los requerimientos, no les hago mucho caso, pero recibí uno muy amenazador, dice que si no pago van a ejercer acción legal y no sé cuántas cosas más, en verdad me siento muy desesperada.
Lupe se queda muy pensativa y de repente con los ojos muy iluminados por la emoción le dice: - Ya sé lo que vamos a hacer, ponga un moño negro en la puerta de su casa y deje que sigan llegando esos papeles, no les haga caso.
Cuando ellos vengan a preguntar por usted para embargarla o llevarla a la cárcel; no abra su puerta, al cabo que si nos preguntan, nosotros diremos:
-Si buscan a Martita, ella desde cuando se murió ¿Qué no ven el moño negro en su puerta?”.
Qué bonito, qué feo, qué claridoso, qué coloquial, qué crudo, que gracioso.
Gracias Estela por dejarnos tu “loquillo” legado, un abrazo solidario para Roberto su viudo y sus hijas Adriana y Azalia.
angel.carrillo@multimedios.com
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