Joven de 24 años que murió por demencia dona su cerebro a la ciencia para investigación
A diferencia de las formas de demencia que afectan a la población de la tercera edad, la DFT en pacientes jóvenes suele presentar una progresión agresiva.
La comunidad científica y los residentes de Norfolk, Inglaterra, despiden a Andre Yarham, un joven de apenas 24 años cuya vida fue truncada por una de las patologías más devastadoras y atípicas para su rango de edad: la demencia frontotemporal.
Tras su fallecimiento el pasado 27 de diciembre, Yarham se ha convertido en un símbolo de esperanza para la investigación médica al cumplir su última voluntad: donar su tejido cerebral para el estudio de este trastorno.
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Madre de Andre detectó los primeros síntomas de la enfermedad
La cronología de esta tragedia comenzó en noviembre de 2022. Samantha Fairbairn, madre de Andre, fue la primera en notar que algo no marchaba bien. Lo que inicialmente parecían descuidos menores —olvidos cotidianos o cambios sutiles en el temperamento— pronto escalaron a comportamientos erráticos que encendieron las alarmas familiares.
En una entrevista concedida a la BBC, Fairbairn relató cómo tareas simples se volvieron imposibles para su hijo.
"Un día fue a la ciudad a comprar algo, o se suponía que debía ir a la tienda, y decidió tomar el autobús sin razón aparente", explicó, subrayando la desorientación que comenzaba a apoderarse de la vida del joven.
La búsqueda de respuestas fue un camino tortuoso. Las primeras evaluaciones en el Hospital Universitario de Norfolk y Norwich revelaron una contracción inusual en la masa cerebral.
Inicialmente, los especialistas barajaron la posibilidad de un diagnóstico de autismo; sin embargo, fue el Hospital Addenbrooke de Cambridge el que finalmente confirmó la devastadora noticia: Andre padecía demencia.
A diferencia de las formas de demencia que afectan a la población de la tercera edad, la DFT en pacientes jóvenes suele presentar una progresión agresiva. En el caso de Yarham, la enfermedad no solo erosionó sus capacidades cognitivas, sino que atacó ferozmente su sistema motriz.
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En poco tiempo, el joven perdió la autonomía, viéndose obligado a utilizar una silla de ruedas y a depender totalmente de terceros para su cuidado personal.
Para 2025, la situación se volvió insostenible en el hogar, lo que llevó a su familia a tomar la difícil decisión de ingresarlo en una residencia especializada para adultos mayores. Un mes antes de morir, Andre perdió la capacidad de articular palabras, comunicándose únicamente a través de sonidos guturales.
A pesar del avance implacable de la "más cruel de las enfermedades", como la describe su madre, la esencia de Andre permaneció intacta casi hasta el último aliento.
"La enfermedad nunca pudo quitarle su personalidad, su sentido del humor o su sonrisa", recordó Fairbairn con entereza.
La donación del cerebro de Andre representa un hito valioso para instituciones como el Instituto Nacional de la Salud de EE. UU. (NIH). La demencia frontotemporal se distingue por ser un conjunto de trastornos que destruyen progresivamente los lóbulos frontal y temporal del cerebro.
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