‘Cliché’, una mirada al caos detrás de la creación artística; así fue su camino de la mente al escenario en Monterrey
Conoce cómo la danza contemporánea, el humor y la influencia de Charlie Chaplin se combinan en ‘Cliché’, la nueva propuesta de Mente Abierta.

Entre la nostalgia, el humor y la frustración de intentar crear algo completamente nuevo surge Cliché, una propuesta de la compañía regiomontana Mente Abierta, dirigida por Roberto Salazar.
La obra lleva al escenario uno de los procesos menos visibles detrás de una puesta en escena: la mente de un director mientras intenta encontrar una idea que logre romper con lo establecido. A través de la danza y el movimiento, Cliché explora precisamente esa lucha por innovar cuando parece que todo ya fue creado.

¿Cómo nació Cliché?
La inspiración de Salazar nació de su interés por el cine mudo y, particularmente, por la capacidad de Chaplin para transmitir emociones sin necesidad de recurrir a las palabras.
A partir de esa fascinación comenzó un proceso de investigación y distintos laboratorios con el elenco que se extendieron durante aproximadamente tres a cuatro años. El resultado tampoco quedó cerrado del todo, pues para el director la creación permanece en constante movimiento.
"A mí me llama mucho la atención el cine mudo, aprendo mucho viendo. Entonces, me llamó mucho la atención Chaplin [...] cómo podía transmitir algo sin hablar, y pues de ahí mi inspiración, entre laboratorios que fui generando con el elenco, es una obra que lleva de 3 a 4, aproximadamente 3 a 4 años de proceso, y pues soy una persona perfeccionista y como que no llego como a un tope o algo, aunque ya tengamos la obra hecha, pues siempre va a haber cambios".
Esa necesidad de continuar buscando nuevas posibilidades también forma parte del corazón de Cliché. La obra plantea la frustración que aparece cuando un creador intenta escapar de los lugares comunes y termina encontrándose, una y otra vez, con patrones que parecen inevitables.
"Es como una tipo frustración del director en la obra como que llegar siempre a lo mismo, intentamos siempre innovar y por innovar como que llegamos a lo mismo, es que ya todo está inventado, ya todo existe, de alguna manera todo en la vida se convierte en un cliché".
De la mente del director al baile
Uno de los elementos visuales que distingue a la propuesta es la manera en que Salazar concibe a los bailarines: no solamente como intérpretes, sino como extensiones de la mente del propio creador.
Dentro de la obra, sus cuerpos representan impulsos y proyecciones neuronales que cobran forma conforme avanza el proceso creativo. Esta idea también se refleja en el vestuario, elaborado con medias entrelazadas para reforzar visualmente la conexión entre los personajes y la mente del director.
"Yo también los veo a ellos como parte de mis, bueno, del creador, en sí del personaje, como de las neuronas, de la creación y por eso es que el vestuario está hecho con medias, o sea, como entrelazadas, como que son proyecciones de él y pues él empieza a agarrar esos cuerpos y les empieza a dar forma [...] y se transforman".
Para construir el movimiento que aparece en escena, Mente Abierta recurrió al análisis de trabajos anteriores, distintos ejercicios de laboratorio y un taller con el maestro Carlos Clau, buscando que cada intérprete encontrara una manera particular de habitar la pieza.
Para dar vida a este laboratorio de la mente, el elenco convergió desde distintas disciplinas como el teatro, la danza, el mimo, el canto y las artes plásticas.
Orlando Perales, quien interpreta a los personajes "Ñaca Ñaca" (clown) y "Mamo" (mimo), destaca el juego metanarrativo que implica representar la mente de un creador en escena:
"Y ha sido una experiencia muy divertida trabajar en un proyecto así como este, divertido, expresionista, gracioso, que diluye los límites entre la narrativa y la metanarrativa del personaje, de lo que es un director, de lo que hace en la escena. Sino porque interpretamos actores y somos actores, entonces ahí se juega con eso, con la metanarrativa".
Por su parte, Hortencia Cepeda (quien da vida al personaje de "Chencha"), cuya formación proviene del teatro dramático y los musicales, reflexiona sobre el reto de adaptar su voz y su expresividad corporal al código de comedia física:
"En lo personal, al principio sí me costó un poquito encontrar el nombre del personaje y encontrarle la voz. Porque en lo personal casi lo que he hecho de teatro es como teatro dramático o musicales [...] Es diferente hacer como una comedia completamente y más como el hecho de que tu cuerpo exprese lo que tu personaje es.
Y pues yo creo que fue una mezcla entre sacar la personalidad del personaje y de ahí fue que salió el nombre de Chencha".
Ángeles Chápez Pino, quien interpreta a "Alambres" y cuenta con formación en mimo y danza, explica tanto el origen de su personaje como el valor de reírse de uno mismo en el clown:
"Tengo un amigo que se empeñó en apodarme como El Alambre [...] por el físico. Y nadie nunca le hizo caso [...] Pero luego cuando empiezo a descubrir el mimo y el clown hace muchos años ya, se me ocurre ese nombre [...] Y también bueno, este aspecto un poquito en el clown, de que de repente es un poquito, o sea, tienes que reírte un poquito de ti mismo. Entonces yo siento que reírte un poquito de tu situación, incluso cuando es como algo de físico [...] es una manera también como para aceptarte".
Dar cuerpo a los pensamientos e impulsos del creador
Dentro de la propuesta, no todos los intérpretes representan personajes estáticos; algunos encarnan estados emocionales y fragmentos de la cabeza del director.
Paola Lupercio explica cómo su papel se articula como una situación emocional cambiante que exige un trabajo corporal minucioso sin recurrir a la palabra:
"Mi personaje no es tanto un personaje, sino una situación un poco emocional a través de lo que va viviendo y pensando el creador de la obra [...] Es como un conjunto de pensamientos y de sentimientos, y no somos estáticos, cada uno es cambiante y dependiendo de la situación es como lo va abordando cada quien [...] Mucha investigación en la parte corporal, facial, porque tienes que decir mucho sin usar la boca, sin usar la voz, sin usar palabras".
Diana Salazar aporta una perspectiva singular, ya que conoció la obra inicialmente como espectadora durante su primera temporada antes de integrarse formalmente al elenco:
"A mí me tocó ver este proyecto como espectador [...] desde la temporada 1 [...] y cuando yo lo vi, yo dije, wow, o sea, me quedé realmente impresionada de cómo era posible el transmitir tanto [...] sin llegar a vocalizarlo [...] ha tenido tanto crecimiento y tanto crecimiento, que nos llena a nosotros también de ese autodescubrimiento también, de, ah, wow, no sabía que yo podía llegar a interpretar este tipo de escenas".
El reto detrás de Cliché
La convivencia entre bailarines y actores obligó a cada integrante a adentrarse en terrenos poco habituales para su disciplina.
Gabriela Gómez, quien interpreta al personaje de "Miñón" ("moño en francés", caracterizada por ser peleonera e incitar al enojo), comenta sobre el reto de conectar con el clown siendo bailarina:
"Bueno, más que nada se me ha hecho como un proceso muy divertido, porque no estaba acostumbrada a bailar cosas así, porque soy bailarina, no soy actriz, y como en esta obra hay sketches, cosas un poquito que rayan en el clown, se puede decir, no somos clowns, porque pues no, no lo somos. Pero sí, ha sido muy divertido, la verdad.
Finalmente, David Luján, cuyo personaje es "Soleado" (una figura cohibida que contrasta de manera irónica con su nombre), comparte el desafío que significó abordar la comedia y el humor ácido desde la danza contemporánea:
"En mi caso también ha sido un reto, sobre todo en este aspecto de la comedia y como un poco de caer en lo absurdo, se podría decir, porque mi personalidad como que no se lleva mucho como con la comedia [...] Y sí, yo también soy más bailarín que actor, entonces ha sido un reto como ponerme en ese papel de pretender que siento que tengo que como canalizarme y divertirme [...] esta obra, aunque sí tiene sus momentos dramáticos [...] también tiene mucha comedia de por medio [...] humor negro, humor ácido".

La exploración del personaje en Cliché
Aunque Cliché no es una obra de clown propiamente dicha, esta disciplina también se convirtió en una herramienta para que los integrantes exploraran sus propias posibilidades escénicas.
Más que convertirse en payasos, la intención fue encontrar una personalidad propia y trasladarla al universo de la obra.
"A mi lo que me gusta es desarrollar como tu yo, tu clown, aunque no seamos clown, la verdad no somos payasos, no somos clown, somos personas que simplemente se nos dio ese personaje y decidimos tomarlo y adaptarlo a la obra".
Con esta combinación de danza contemporánea, humor, corporalidad y una mirada hacia el proceso creativo, Cliché convierte la frustración de crear en el punto de partida para seguir buscando nuevas formas de contar una historia sobre el escenario.
Cliclé terminará su temporada el próximo 25 de septiembre a las 20:30 horas en Foro 13 en Monterrey.
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