Camina en la noche y el frío por fe: José peregrina cada año a San Juan de los Lagos impulsado por una promesa de amor y esperanza
José Negrete tiene 61 años, es albañil y en el silencio de la madrugada repite una costumbre que ya es parte de su vida.
Bajo el cielo aún oscuro y con el frío aferrándose a la piel, José Negrete avanza paso a paso junto a su familia rumbo al Santuario de la Virgen de San Juan de los Lagos.
Tiene 61 años, es albañil y en el silencio de la madrugada repite una costumbre que ya es parte de su vida, dejar su automóvil en León y continuar a pie, ofreciendo el cansancio como una expresión de fe, gratitud y esperanza.
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Originario de Pueblo Nuevo, una comunidad al sur de Irapuato, José emprende este recorrido cada año movido por una promesa que nació del dolor. En 2018, su hija, entonces de 27 años, sufrió un accidente y perdió a su bebé el mismo día en que esperaba darle la bienvenida.
Desde entonces, el camino se volvió para él una forma de acompañarla espiritualmente y de reafirmar su confianza en la Virgen.
“Por una hija que se me accidentó… perdió a la bebé y desde entonces cada año le dedico este camino. Lo hago por devoción, porque uno siente que la Virgen lo escucha”, comparte mientras ajusta la chamarra y retoma el paso.
Aunque asegura no tener una manda formal, reconoce que la peregrinación es, para él, una mezcla de agradecimiento y súplica.
“Más que nada lo hago por fe. A uno le da paz, se siente mejor por dentro, aunque los problemas sigan ahí”, dice.
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Este año lo acompaña parte de su familia: tres de sus hijos y una nuera. Su esposa se uniría días después, una vez que ellos regresaran de la peregrinación.
“Yo siempre les he inculcado lo católico, la tradición. Dos de ellos vienen conmigo por primera vez, y eso también me llena”, comenta con orgullo.
La travesía no es sencilla. Caminan principalmente de noche para evitar el sol , con breves descansos cada tres o cuatro horas.
“El frío es lo más pesado, sobre todo en la madrugada, pero caminando no se siente tanto. Si uno se para, ahí sí pega”, explica. Duermen apenas dos o tres horas por jornada, resguardados en puntos del camino como la zona conocida como La Bachoco.
Durante el trayecto, el rezo acompaña cada paso. “Va uno caminando y rezando, y siente que la Virgen lo va ayudando a llegar”, afirma con convicción.
José no sólo pide por su familia. Sus oraciones también se elevan por la paz y por quienes ya no están.
“Le pido por la paz del mundo, por los que se han ido, por toda la violencia que se vive. Que haya tranquilidad”, expresa.
Para él, la peregrinación no es únicamente un esfuerzo físico, sino una experiencia espiritual que fortalece. “Se siente uno con más paz, más tranquilo por dentro. Eso es lo que me deja venir cada año”, asegura.
Antes de continuar su camino, lanza un mensaje a quienes, como él, avanzan entre rezos y cansancio rumbo a San Juan de los Lagos: “Que le echen ganas, que no pierdan la tradición. La fe es lo que nos mantiene de pie”.
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