Entre lágrimas, promesas y dolor en los pies: miles de poblanos peregrinaron a la Basílica de Guadalupe
Peregrinaciones provenientes de la Sierra Norte, la Sierra Negra, la Mixteca poblana y la capital del estado, acompañaron la peregrinación anual de la Arquidiócesis de Puebla.
Como cada 12 de febrero, la fe volvió a marcar el paso de miles de poblanos que llegaron hasta la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México, para rendir homenaje a la morenita del Tepeyac, acompañando la peregrinación que cada año realiza la Arquidiócesis de Puebla.
Tras recorrer cientos de kilómetros desde distintos puntos del estado, muchos de ellos a pie y con la imagen guadalupana en brazos, los peregrinos arribaron al altar con el corazón lleno de gratitud, cumpliendo promesas y agradeciendo los favores recibidos.
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La explanada del Tepeyac se colmó de rostros cansados, pero iluminados por la devoción. Miles de fieles participaron en la eucaristía oficiada por el arzobispo de Puebla, Víctor Sánchez Espinosa, quien elevó una oración especial a la 'Madre de los mexicanos', pidiendo por las familias, los enfermos y quienes atraviesan momentos de dificultad.
En cada mirada y en cada paso, la esperanza se hizo presente como el motor de una tradición profundamente arraigada.
"Pidamos al Señor que nos conceda crecer en la fe y buscar el progreso de nuestra patria por los caminos de justicia y paz. Madre Santísima de Guadalupe, tú, más que nadie, conoces los sufrimientos que actualmente atravesamos por causa de la violencia e inseguridad que padecemos, por el desprecio que muchos tienen por la vida y por la familia, que son dones sagrados. Por eso, madre nuestra, te rogamos que escuches nuestros lamentos", expresó.
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La devoción guadalupana, que no conoce fronteras, volvió a reunir historias de sacrificio y agradecimiento. Durante su visita, los fieles pidieron bendiciones para sus trabajos y salud para sus seres queridos.
Entre rezos, cantos y lágrimas, la fe unió a peregrinaciones provenientes de la Sierra Norte, la Sierra Negra, la Mixteca poblana y la capital del estado.
José, quien lleva más de 20 años asistiendo a la peregrinación con su familia, señaló que esta representa una oportunidad para reafirmar su fe, así como el cumplimiento de una manda y una promesa hecha en momentos de angustia.
"Para mí cada paso, cada kilómetro recorrido, representa un acto de fe y gratitud, una manera de corresponder a lo que considero un favor recibido. Es algo que no se puede explicar, solo sentir. Vienes cansado, con dolor en los pies, pero cuando entras todo cambia. Sientes paz, alivio, como si todo el esfuerzo cobrara sentido", expresó.
El 12 de febrero representa una fecha profundamente significativa para los católicos poblanos. No es únicamente un acto religioso, sino un encuentro emocional que trasciende generaciones.
Así, entre el murmullo de oraciones, los poblanos refrendaron una tradición que se hereda de padres a hijos, recordando que el camino hacia la Basílica es un acto de amor, esperanza y profunda devoción.
AGA
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