Socavones Mundialistas
- ¡Ahí les voy!
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Leonardo Schwebel
No es la primera vez que lo decimos y, lamentablemente, todo indica que tampoco será la última. Los socavones se han convertido en parte del paisaje urbano de la Zona Metropolitana de Guadalajara.
Aparecen de manera repentina, se tragan vehículos, generan caos vial, ponen en riesgo vidas y, después de algunos días de atención mediática, terminan siendo reparados mientras todos esperan el siguiente colapso.
El problema es que los socavones no son fenómenos naturales inevitables. Son, en gran medida, el resultado de una suma de omisiones, negligencias y malas decisiones acumuladas durante años.
Cada vez que el pavimento se abre y deja al descubierto enormes huecos, también queda expuesta una realidad incómoda: la fragilidad de la infraestructura sobre la que se construyó buena parte de nuestra ciudad.
Los socavones muestran, en primer lugar, la desfachatez de algunos constructores y la complicidad de autoridades que debieron supervisar y no lo hicieron.
Resulta difícil creer que obras de gran magnitud, vialidades completas o desarrollos urbanos hayan sido autorizados sin que existieran revisiones técnicas suficientes.
También son una evidencia de que el SIAPA enfrenta un problema que parece haber rebasado su capacidad de respuesta. Buena parte de los hundimientos está relacionada con fugas, colectores dañados, redes de drenaje envejecidas o infraestructura hidráulica que lleva décadas operando más allá de su vida útil.
La ciudad creció, la demanda aumentó y las inversiones necesarias para renovar el sistema no avanzaron. Cuando los materiales son de baja calidad, cuando las especificaciones técnicas no se cumplen o cuando las obras se entregan sin las condiciones adecuadas, tarde o temprano aparecen las consecuencias.
El problema es que quienes pagan los costos son los ciudadanos. La raíz del problema es la mala planeación urbana. Durante décadas se autorizó el crecimiento de la ciudad sin considerar plenamente la capacidad de la infraestructura existente.
Se construyeron fraccionamientos, centros comerciales y nuevas vialidades sin que necesariamente se fortalecieran las redes subterráneas que sostienen la vida cotidiana.
Reparar el hueco es relativamente sencillo; corregir las causas que lo provocan es el verdadero desafío.
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