
¡Ahí les voy!
¡El fuego no da agua!

Exigir agua limpia es un derecho. Incendiar edificios públicos es un delito. Y ninguna causa, por legítima que sea, convierte la destrucción en justicia.
Este domingo la protesta por la crisis del agua en Guadalajara terminó con incendios y daños en edificios públicos y comercios. La exigencia era agua limpia. ¿La respuesta de algunos? Fuego, destrozos y violencia.
¡Qué contradicción! Reclamar servicios públicos destruyendo precisamente aquello que pertenece a todos. ¿Quién pagará las reparaciones? No los encapuchados ni quienes prendieron fuego. Las pagaremos los ciudadanos, con nuestros impuestos.
Que quede claro: condenar estos actos no significa defender al gobierno. Las autoridades tienen la obligación de explicar qué está pasando con el agua, responder a las denuncias y resolver una crisis que afecta la vida cotidiana de miles de familias. No pueden esconder su ineficacia detrás de los destrozos.
Pero tampoco se vale utilizar el descontento social como permiso para destruir. Una cosa es marchar, gritar, exigir y exhibir a los funcionarios; otra, muy distinta, es incendiar.
¿En qué momento romper una puerta vale más que exigir una solución? La rabia puede ser comprensible; la destrucción, no.
Quienes cometieron estos actos deben ser identificados y enfrentar la ley, con pruebas y debido proceso. Sin impunidad, pero también sin fabricar culpables ni criminalizar a quienes protestaron pacíficamente. La justicia no se negocia según la causa ni según el uniforme de quien comete el abuso.
Y cuidado con la trampa: el gobierno no debe aprovechar los disturbios para desviar la atención de la crisis del agua. Los responsables de los destrozos deben responder, pero los funcionarios también deben rendir cuentas por sus resultados.
Jalisco no necesita más humo. Necesita agua potable, respuestas y autoridades que den la cara. La protesta ciudadana es indispensable; la violencia solo pone en riesgo a otros y termina debilitando las causas que dice defender. Quemar una puerta no abre la llave del agua.
Que nadie confunda la indignación con impunidad, ni la protesta con destrucción. El agua se exige con firmeza, se defiende con razones y se garantiza con resultados. ¡Basta de fuego como espectáculo y de gobiernos que no resuelven!

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