Florencia: la cachorrita que sobrevivió al negocio del abandono
- Entre abandono y esperanza: historias reales
-
-
Francisco Obrayams Villalobos Ávila
Hola, soy Florencia.
Y antes de tener una cama, un nombre bonito y alguien que me abrazara… fui parte de un negocio.
Vengo de San Luis Potosí, de esos lugares donde muchos perritos nacen rodeados no de amor, sino de dinero. Donde nuestras vidas dependen de cuánto podamos vender, cuánto podamos producir o cuánto podamos “servir”. Ahí aprendimos rápido que algunos humanos no ven cachorros… ven mercancía.
Y cuando dejamos de ser “útiles”, nos desechan.
Así terminó mi primera vida.
Yo y mis hermanos fuimos abandonados como si nunca hubiéramos sentido miedo, hambre o tristeza. Como si nuestro corazón no latiera igual que el de cualquiera. Pero entre tanta oscuridad apareció una persona que decidió hacer algo que cambia destinos: detenerse y mirar.
Nos recogió uno por uno.
Nos cargó con paciencia.
Y nos llevó hasta Guadalajara, al refugio “Buenos Chicos”.
Ahí comenzó mi segunda oportunidad.
Por primera vez conocimos medicinas, manos suaves y voces tranquilas. Por primera vez alguien se preocupó por si habíamos comido, dormido o sentido frío. Ahí entendí que el amor también puede rehabilitar heridas que no se ven.
Aunque, bueno… debo aceptar algo: tengo carácter fuerte.
Sí, soy un poco enojona. Pero después de todo lo vivido, ¿cómo no serlo? A veces quiero todo el amor para mí sola, porque hubo un tiempo donde pensé que jamás volvería a recibir cariño. Aprendí a defenderme antes de aprender a confiar.
Pero esta historia no es solo mía.
También quiero hablarles de quienes dejaron huella para siempre.
Del negrito noble que se llamaba Balón.
Y de Cuquita, esa gordita hermosa que parecía hecha para repartir ternura.
Ellos ya no están.
Fueron víctimas del mismo abandono, del mismo sistema cruel que usa animales para vender y luego los olvida cuando dejan de ser negocio. Pero antes de partir tuvieron algo que muchos jamás conocen: una familia que los amó con intensidad.
Y eso lo cambia todo.
Porque no importa cuánto dolor haya existido antes; cuando un animal finalmente conoce el amor verdadero, sus ojos vuelven a brillar diferente.
Balón y Cuquita tuvieron mamás extraordinarias. Personas que los abrazaron fuerte, que celebraron sus días, que les dieron un hogar y les hicieron sentir que sí importaban. Y aunque hoy físicamente ya no estén, siguen vivos en cada recuerdo, en cada lágrima y en cada historia contada con amor.
Hay ausencias que jamás abandonan una casa.
Ellos son una de esas.
Hoy Florencia duerme segura.
Hace berrinches, pide mimos y se adueña de las cobijas como si el mundo fuera suyo. Y tal vez está bien… porque después de haber sobrevivido al abandono, descubrir la tranquilidad también es una forma de sanar.
Pero mientras lees esto, siguen existiendo cientos de perros esperando que alguien los vea más allá de una raza, una moda o un precio.
Porque detrás de cada rescate hay una historia rota intentando volver a creer.
Y quizá el verdadero cambio comienza el día en que dejamos de preguntar cuánto cuesta un perro… y empezamos a preguntarnos cuánto amor merece.
- Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de TELEDIARIO; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
-