“¡Por el poder de Grayskull!”: el regreso de una generación
- Pláticas para el Trayecto
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Carlos Garza
Hay personajes que no envejecen; envejecemos nosotros. Y aun así, cuando escuchamos “¡Por el poder de Grayskull!”, algo se activa. He-Man and the Masters of the Universe no sólo fue una caricatura: fue un fenómeno que marcó a una generación que creció frente a la televisión abierta, con horarios fijos y la emoción intacta.
Muchos la vimos en español, doblada con esa épica particular que hacía que cada episodio pareciera una batalla definitiva entre el bien y el mal. La recordamos como un ritual: llegar de la escuela, prender la tele y entrar a Eternia. No había streaming, no había pausa. Había espera y esa espera construía magia.
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Pero detrás de esa magia había estrategia. La serie nació en 1983 impulsada por Mattel, que buscaba algo muy claro: vender figuras de acción. Primero fueron los juguetes y luego la historia. A diferencia de otros casos, donde el contenido genera el producto, aquí el producto exigía un universo narrativo. Y así surgió una mitología completa: castillos, villanos, héroes, poderes místicos. Una narrativa creada para justificar que quisiéramos tenerlos todos.
El impacto cultural fue inmediato. La serie se transmitió en más de 30 países, con doblajes en múltiples idiomas. En América Latina se convirtió en un referente de la animación ochentera. En Estados Unidos llegó a reunir audiencias de millones de espectadores diarios. Era omnipresente: en mochilas, loncheras, comerciales y conversaciones de recreo.
Y cómo olvidar la música. Esa intro potente, con narración solemne, que no necesitaba traducción para emocionar. “Yo soy Adam, príncipe de Eternia…” era más que un inicio, era una promesa. Era entrar a un mundo donde todo podía pasar. Canciones que no estaban en Spotify, pero sí en la memoria colectiva.
El éxito fue tan grande que inevitablemente llegó el salto al cine. En 1987 se estrenó Masters of the Universe, protagonizada por Dolph Lundgren. Sin embargo, la transición no fue la esperada. Con un presupuesto cercano a los 22 millones de dólares, apenas recaudó unos 17 millones en taquilla. La crítica fue dura, señalando efectos limitados y una historia desconectada del espíritu original. El resultado: un fracaso que congeló la franquicia en el cine por décadas.
Pero He-Man no desapareció. Se transformó. Hubo nuevas versiones: la serie de 2002 con un tono más serio y más recientemente He-Man and the Masters of the Universe, una reinterpretación moderna para nuevas audiencias. Incluso Masters of the Universe: Revelation apostó por una narrativa más adulta, apelando directamente a quienes crecieron con la original.
¿Por qué sigue vigente He-Man?
Hoy, más de 40 años después de su creación, He-Man sigue vigente. ¿Por qué? Porque su esencia es simple y poderosa: la lucha entre el bien y el mal, la identidad secreta, el crecimiento personal. Temas universales que no pasan de moda. Además, hay un factor emocional: la nostalgia. No sólo recordamos la serie, recordamos quiénes éramos cuando la veíamos.
Y ahora, con una nueva película en camino –una producción que promete mayor fidelidad al universo original y efectos a la altura de la época–, la expectativa es alta. No se trata sólo de atraer a nuevas generaciones, sino de reconciliar una deuda histórica con los fans. De hacer, por fin, la película que merecía Eternia.
He-Man tiene más de cuatro décadas, sí. Pero sigue vivo porque nunca fue sólo un personaje: fue una puerta. Una puerta a la imaginación, a la épica cotidiana, a la infancia misma.
Y quizá, en este nuevo estreno, no sólo veremos a He-Man levantar su espada… también veremos reflejada una parte de nosotros que nunca se fue.
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