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Mundial que no es para todos: crónica de una exclusión en Guadalajara

Guadalajara, Jalisco. /

A tres días del primer silbatazo en el Estadio Guadalajara, las vallas metálicas ya son parte del paisaje. Cuadrillas de trabajadores las montan bajo el sol, pieza por pieza, como si armaran una jaula invisible. La consigna se llama “operativo última milla”: unas horas después, nadie sin boleto ni acreditación puede acercarse. Ni el que vende aguas frescas, ni la familia que vive a tres cuadras, ni el niño que solo quería ver un autobús con banderas.

“Decirles que si no tienen boleto para ir al estadio y no tienen que circular por la zona, agradeceríamos muchísimo, como una recomendación, que la eviten”, dijo Paloma Mercedes Cruz Vázquez, directora de Movilidad y Transporte de Zapopan.

¿Y las leyes locales? ¿El derecho al libre tránsito, el derecho al espacio público? Todo eso se congela cuando la FIFA estampa su sello. Aquí el que manda, de ahora en adelante y hasta que acabe el Mundial, no es el municipio, ni el estado, ni siquiera la Constitución. El que manda es un organismo internacional con sede en Zúrich, y sus reglas pesan más que cualquier ordenamiento mexicano. Las vallas no las puso el gobierno tapatío por gusto: las puso la FIFA, y lo que la FIFA ordena, se obedece.

La multa que mata la fiesta

Imagínese: doña Concha tiene una cenaduría en su casa, en la colonia Mexicaltzingo. Pone su televisión viejita en la pared, los vecinos acuden a ver el partido, les vende unos tacos y un refresco. Ese es el Mundial de la gente. Pero es el que la FIFA no puede ver ni en pintura.

Según la Ley Federal del Derecho de Autor, sí, una ley mexicana, el único ente que puede autorizar la transmisión pública es la FIFA. Y doña Concha, si no paga una licencia que cuesta lo que ella no gana en tres años, se arriesga a multas acumulativas de hasta 29 millones de pesos. Casi treinta millones por poner el partido en su comedero.

Aquí está lo revelador: la ley mexicana dice que los derechos de autor protegen a los creadores. Pero la FIFA, que no creó el futbol, se ha convertido en una superpotencia legal. Sus reglamentos privados, sus contratos blindados, sus cláusulas de indemnización... todo eso está por encima de cualquier criterio local. ¿Un juez mexicano podría frenar una multa de la FIFA? En teoría sí. Pero quién se atreve. Porque la FIFA tiene abogados, tiene dinero y tiene la costumbre de que los países se arrodillen antes de pitar el inicio.

¿Quién manda realmente en Jalisco? El operativo 'última milla', multas millonarias por transmitir partidos y el desplazamiento de comercios revelan exclusión.
Israel López

Los que quedaron tapados

En el Centro Histórico, Sergio Grajeda tiene un restaurante, una pozolería para ser exactos. Hace meses, cuando las autoridades locales le prometieron que el Mundial traería derrama económica, él se animó: pidió préstamo, amplió el local, renovó el mobiliario. Quería estar a la altura del evento.

Pero luego llegó el FIFA Fan Festival. Y con él, mamparas, vallas y estructuras que taparon su negocio como si no existiera. “Todo esto llegó con una promesa de que valdría la pena”, dice Sergio, “pero hoy nos damos cuenta de que fuimos excluidos de esta fiesta futbolera”.

Las autoridades locales volvieron a pedirle a los organizadores, léase: a la FIFA, que retiraran algunas estructuras. Y lo hicieron, pero por voluntad propia, no porque una ley mexicana los obligue. Porque en el fondo, el gobierno local no puede ordenarle nada a la FIFA. Solo puede invitarla. Seducirla. Rogarle que sea “amable”. Eso es lo que queda de la soberanía nacional cuando llega el circo global: una llamada de atención disfrazada de diálogo.

“Hágase para allá”

Pero el desplazamiento más cruel no es contra los negocios, sino contra las personas. En el Centro Histórico de Guadalajara, decenas de personas en situación de calle dormían en portales y banquetas. Con la llegada del Mundial empezaron a desaparecer.

Ahora se concentran en el Jardín Botánico. Ahí está Pedro Salinas Guzmán, “El Viejón”, con su cachucha blanca. Lleva tres años viviendo en ese parque. Pero en las últimas semanas llegaron más. Muchos más, nos dice la reportera Josefina Ruiz.

La coordinadora de Inclusión del DIF Guadalajara, Rosa Elena González, lo explica con una frase que parece ensayada: “Jamás vamos a retirar a una persona de manera forzada, pero sí le podemos decir: ‘Ayúdame recogiendo tus pertenencias para que puedas dejar un paso libre’”. O sea: no los corremos, los invitamos a hacerse a un lado.

¿Y quién pide ese “paso libre”? No es el DIF. Es la FIFA. Porque las guías de imagen urbana para sedes mundialistas exigen “espacios públicos despejados y seguros”. Y los gobiernos locales, en lugar de decir “aquí mandan nuestras leyes, aquí vive gente”, se limitan a traducir la orden al español amable. El resultado: la pobreza se desplaza, la dignidad se dobla y la FIFA ni se entera.

El contraste que duele

Mientras tanto, en Estados Unidos y Canadá, las otras sedes del Mundial, la conversación es otra. Allá las autoridades han diseñado protocolos para evitar el desplazamiento de comunidades vulnerables, para garantizar el acceso de minorías, para que los pequeños negocios puedan operar sin multas millonarias. No es perfecto, pero al menos hay un mínimo de respeto por la gente que ya vivía ahí y, sobre todo, los gobiernos locales negocian con la FIFA como iguales, no como sirvientes.

Aquí, las vallas crecen, las multas amenazan, a las personas las corren con frases bonitas y los comerciantes quedan tapados mientras una funcionaria afirma que todo esto “aporta una nueva voz al debate público”. Debate público, dice. Cuando la FIFA ni siquiera se sienta a debatir: impone. El Mundial no era así.

La ley mexicana, de adorno

Lo más triste de todo es que en México tenemos leyes para proteger el comercio local, para garantizar el acceso al espacio público, para evitar desplazamientos arbitrarios. Tenemos constituciones locales, tribunales, derechos humanos. Pero frente a la FIFA, todo eso se hace agua.

Porque la FIFA no reconoce la autoridad de un juez mexicano si contradice sus contratos. Porque la FIFA puede multar a un país entero si no cumple sus caprichos. Porque la FIFA tiene el poder de decir “aquí va una valla” y los gobiernos mexicanos, de todos colores, ponen manos a la obra sin chistar.

Y así, con el silbato en la boca y la cartera blindada, la FIFA demuestra que, en esta cancha, las leyes locales son apenas sombras. El Mundial no es desangelado porque la gente no quiera festejar. Es desangelado porque la fiesta se diseñó para unos cuantos, bajo reglas extranjeras, y con la complicidad de quienes debieron proteger a los suyos.

Así que ya sabe: cuando vea esas vallas, cuando escuche de multas millonarias, cuando vea a “El Viejón” durmiendo en un jardín alejado del centro, no es solo un problema de organización. Es que, en este Mundial, la FIFA manda más que la ley. Y en México, como siempre, los de siempre pagan los platos rotos.


Alejandro Sánchez
  • Alejandro Sánchez
  • Cuenta historias que duelen y transforman desde hace 28 años. -Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter | Finalista del Premio Gabo (FNPI Colombia). -Director Editorial de Multimedios Jalisco| Columnista y conductor en radio/TV. Pluma y cámara en zonas de conflicto: - Guionista de "La Ley del Monte" y "Voces de Guerrero" (documentales sobre la guerra no declarada en Michoacán y Guerrero). - Autor de "Las Mieles del Poder" (Random House): retrato íntimo de la política mexicana. - "19 edificios como 19 heridas": crónica visceral del ¿por qué el sismo nos pegó tan fuerte? Colaboraciones: Medios nacionales e internacionales. Objetivo: Periodismo que escarba donde otros solo rascan.
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