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La constancia del despojo en Tequila

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Guadalajara, Jalisco. /
Inseguridad en el pueblo de Tequila Jalisco permanece
Foto edición: Israel López

Justo a la entrada de lo que fue el despacho de Diego Rivera, donde presuntamente se habrían tomado decisiones que entregaron el municipio al crimen, permanece intacto el letrero más elocuente de todos:

“Módulo de constancias de no antecedentes penales”.

No se trata de un descuido, sino de la metáfora perfecta del doble discurso. Mientras en el interior se gestionaba, según las investigaciones, una posible complicidad con redes criminales y se rendían cuentas a otros intereses, la puerta ofrecía —con una ironía propia de la ficción— el servicio oficial que certifica la limpieza del pasado.

Es el retrato de una época: la fachada de la legalidad, pulcra y burocrática, protegiendo lo que ocurre en la trastienda. El mensaje resulta demoledor: aquí se expedían certificados de “no antecedentes” para algunos, mientras se construían, para la población, todos los antecedentes de un futuro secuestrado por el miedo.

Frente al Museo del Tequila —que desde el primer día de su mandato el alcalde mandó remodelar, no para preservar la memoria sino para su propio lujo privado— tomé una selfie. Comencé a narrar en video esa verdad incómoda frente a la cámara sin notar que una mujer de un puesto cercano, creyendo que la estaba grabando con un tiro abierto, entraba en pánico. Intentó huir arrastrando lo que pudo, ahogada en un terror silencioso.

Sólo al terminar, mi acompañante me lo hizo notar. Para devolverle un poco de tranquilidad —si es que aún podía sentirla— le mostré la grabación: sólo aparecía yo, el museo transformado en fortaleza y el peso de una denuncia no dicha. La comerciante, con la boca seca y un silencio que le temblaba en los dedos, apenas atinó a pedirme con la mirada que me apartara.

Aún hoy, en Tequila, el miedo no desaparece con la presencia militar: persiste porque los grupos delictivos rondan, infiltrados entre el turismo, a veces incluso cargando cántaros de tequila en las manos. Otras veces se disfraza de silencio.

El miedo se ha vuelto parte del paisaje; un monumento invisible que todos deciden no mirar. 

Bajo la sombra silenciosa de  uno de los inmuebles de José Cuervo, justo al costado de la presidencia municipal, el temor que impregna las calles de Tequila se resquebraja, por un instante, con el sonido de unos pasos sobre el empedrado. Son los pasos de unos recién casados. Un sacerdote acaba de unirlos y ahora avanzan. Ella, con el velo aún ondeando como una bandera de esperanza frágil, se abre paso entre una marea de turistas.

Los visitantes, latinos y europeos, este sábado no sólo miran la fachada de la presidencia municipal: sus ojos siguen a la pareja, como si en ese ritual público y valiente hubiera un destello de la vida que persiste y desafía. El mariachi continúa, las notas de México en la piel luchando contra el silencio de los vendedores. Por un momento, la música cubre el murmullo de la desconfianza y parece devolverle al lugar una normalidad prestada.

Y en ese cruce surge algo inédito: un acto de fe común que, por un día, se convierte en el gesto político más contundente.

Luego los turistas se van. Cargados con botellas de tequila y selfies frente a los paisajes azules, abandonan las calles empedradas ajenos al vacío que se ahonda tras su partida. No se llevan el miedo. Lo dejan, como una losa invisible, sobre los hombros de quienes sí se quedan: habitantes, guías y comerciantes que cierran sus puertas y miran hacia el edificio municipal con una pregunta en los ojos. Llevan más de sesenta horas sin presidente municipal. Sesenta horas desde que la autoridad fue detenida junto a tres de sus funcionarios más cercanos, dejando un silencio cargado de ecos y rumores. 

Esperan nuevos vientos, un futuro donde el cobro de piso no sea el impuesto no escrito por existir. Pero la esperanza se diluye para algunos a las nueve de la noche siguiente, cuando el cabildo sesiona en la penumbra y elige a Marisol Rodríguez Rivera como presidenta municipal interina. 

La designación no está exenta de polémica: su cercanía política y personal con la red anterior es un secreto a voces. En sus primeras declaraciones, la nueva alcaldesa intenta trazar una línea en la arena: “No había ninguna extorsión que yo desconozca”, afirma, negando cualquier delito en la administración pasada, y promete gobernar de manera independiente, sin obedecer instrucciones de terceros.

Sus palabras, sin embargo, chocan contra la pared de los hechos: las investigaciones federales siguen su curso y apuntan a una presunta red de extorsión operando desde el propio ayuntamiento. Los señalamientos son concretos y graves: comerciantes y empresarios obligados a pagar bajo la amenaza de clausuras, golpes o la privación ilegal de su libertad.

Entonces, como si el destino insistiera en subrayar la contradicción, un video comienza a circular. Se vuelve viral antes de que amanezca. En él aparece la nueva autoridad, en otro tiempo y otro lugar, cantando con los brazos en alto los versos de un narcocorrido. La melodía, festiva y ominosa, se mezcla con el silencio de la plaza vacía.

Los turistas ya se fueron. Quienes permanecen respiran un aire espeso, donde las promesas suenan a la misma canción de siempre. Y la espera, ahora, tiene sabor a desencanto.


Alejandro Sánchez
  • Alejandro Sánchez
  • Cuenta historias que duelen y transforman desde hace 28 años. -Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter | Finalista del Premio Gabo (FNPI Colombia). -Director Editorial de Multimedios Jalisco| Columnista y conductor en radio/TV. Pluma y cámara en zonas de conflicto: - Guionista de "La Ley del Monte" y "Voces de Guerrero" (documentales sobre la guerra no declarada en Michoacán y Guerrero). - Autor de "Las Mieles del Poder" (Random House): retrato íntimo de la política mexicana. - "19 edificios como 19 heridas": crónica visceral del ¿por qué el sismo nos pegó tan fuerte? Colaboraciones: Medios nacionales e internacionales. Objetivo: Periodismo que escarba donde otros solo rascan.
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