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Agua sucia en ZMG: un problema que huele y se ve, pero que no es “emergencia”

Guadalajara, Jalisco. /

Hemos oído esto hasta el cansancio, pero se repite tanto que la crisis parece haberse normalizado. En más de 200 colonias de Guadalajara, el agua que sale de la llave es un asco. Literal. Quienes lo padecen aquí no necesitamos ver videos en redes sociales para horrorizarnos; basta con abrir la llave y toparnos con el olor fétido, la consistencia espesa y, en muchos casos, el color café o verdoso de ese líquido que debería ser potable. Esa es nuestra realidad diaria, no un rumor ni una exageración.

Y ojo, esto no es de ahora. Es un problema que se viene arrastrando desde hace décadas, que se ha ido heredando de una administración municipal y estatal a otra, como un tema incómodo que nadie quiere recibir. Lejos de resolverse, ha empeorado por la omisión, la indiferencia y la falta de inversión real en infraestructura hidráulica. Claro, era una inversión que, al no ser de relumbrón, no deja votos.

No es que no supiéramos de la gravedad del problema. Hace poco más de 15 años, especialistas como el doctor Arturo Gleason ya advertían sobre el deterioro de la calidad del agua en el Área Metropolitana y los graves riesgos para la salud pública. Pero esas alertas cayeron en oídos sordos, sepultadas por otros intereses y presupuestos mal gastados. Hoy, dos décadas después, pagamos las consecuencias con creces.

Habitantes de la ZMG consumen agua con bacterias y metales pesados. Alejandro Sánchez destaca como pese a la crisis, autoridades no declaran alerta sanitaria.
Lejos de resolverse, ha empeorado por la omisión, la indiferencia y la falta de inversión real en infraestructura hidráulica. | Imagen de ChatGPT

El secretario de Salud Jalisco, Héctor Raúl Pérez Gómez, dice que desde hace años en la Zona Metropolitana deberíamos usar agua de garrafón hasta para cepillarnos los dientes, para lavar frutas y verduras o cocinar. Lo dice con una tranquilidad de quien comenta el clima o cita un pasaje histórico sin que se pueda hacer nada para cambiarlo. Pero la realidad es que hasta la ropa se nos percude con la porquería que sale de la tubería. Las manchas y el olor a humedad y tierra que deja en la ropa lavada son una muestra tangible de que algo anda muy mal, y no es un problema menor.

Según las autoridades, el agua de la red se puede usar para lavar trastes, bañarse o limpiar la casa, siempre y cuando no presente coloración marcada ni olor intenso. El problema es que, en cientos de colonias, siempre tiene color y olor raro. No es la excepción, es la regla. Ante cualquier síntoma como diarrea, vómito, fiebre o irritación en la piel y los ojos, nos mandan al centro de salud más cercano. Pero surge la pregunta incómoda, ¿por qué tenemos que enfermarnos para que algo se haga? ¿Por qué la prevención no llega antes de que los niños o los adultos mayores terminen en una consulta?

Se supone que el Laboratorio Estatal de Salud Pública, avalado por la COFEPRIS, toma muestras periódicamente y las analiza con métodos reconocidos. Pero ¿Dónde están los resultados completos? ¿Cuántas muestras salen fuera de norma y en qué colonias específicas? No basta con que digan que “la mayor parte” está dentro de los límites aceptables. Esa frase es como una cortina de humo. ¿La mayor parte es el 60 por ciento, el 80 por ciento o el 95 por ciento? La ambigüedad no da confianza; más bien, esconde la verdadera dimensión de la crisis. Si quieren tranquilizarnos, que publiquen los datos crudos, colonia por colonia, para que sepamos a qué atenernos.

Mientras tanto, los vecinos organizados no se quedan de brazos cruzados. El Consejo Vecinal Comunidad Americana, de la colonia Americana, hizo alrededor de 50 pruebas desde marzo de este año. Utilizaron tiras reactivas, probetas de lectura rápida y enviaron muestras a laboratorios especializados. Los resultados fueron alarmantes, encontraron bacterias coliformes, metales pesados como cobre y mercurio y, lo peor de todo, cero cloro en varias de las muestras. Sin cloro, el agua no es potable, punto. Además, los vecinos reportan que en muchas viviendas el agua ni siquiera llega, y en otras sale turbia, con partículas suspendidas y olores nauseabundos, una situación que se agravó con la temporada de lluvias.

El Consejo ha dicho que está dispuesto a ofrecer todos los resultados a Coprisjal en caso de que la autoridad se interese en conocer los puntos exactos de las tomas y los documentos completos. Pero la autoridad puede desacreditarlos porque no siguieron “sus protocolos oficiales”.

Lo más preocupante de todo es que, aunque esto es claramente una crisis de salud y de consumo, el gobierno federal ni siquiera nos pela. Nos explican con tecnicismos legales que la alerta sanitaria solo la pueden declarar ellos y que se necesitan “parámetros e indicaciones concretos”, según la Ley General de Salud. Pero mientras se escudan en el papeleo, las familias siguen llenando cubetas de agua que parecen más lodo que líquido, y los niños siguen bañándose con agua que huele a drenaje.

Entonces, si la autoridad no confía en los estudios de los vecinos y tampoco muestra los suyos de manera transparente, ¿Con qué nos quedamos? ¿Con el agua sucia, las promesas vacías y los comunicados de prensa? La respuesta es clara, necesitamos transparencia más que discursos. Se requiere que desde Coprisjal saquen sus datos a la luz pública, sin filtros ni medias tintas. Que nos digan, sin rodeos, qué está pasando realmente y qué van a hacer para solucionarlo de fondo, no con paliativos.

Porque la emergencia, para quienes la vivimos todos los días al abrir la llave, ya está aquí. Y ya llevamos demasiado tiempo esperando que alguien haga algo. Las advertencias del doctor Gleason y de tantos otros especialistas no fueron escuchadas hace 20 años, y hoy el problema nos rebasa. No podemos permitir que pasen otros 20 años de omisiones y excusas. El agua no es un lujo, es un derecho, y en Guadalajara ese derecho lleva décadas en deterioro.


Alejandro Sánchez
  • Alejandro Sánchez
  • Cuenta historias que duelen y transforman desde hace 28 años. -Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter | Finalista del Premio Gabo (FNPI Colombia). -Director Editorial de Multimedios Jalisco| Columnista y conductor en radio/TV. Pluma y cámara en zonas de conflicto: - Guionista de "La Ley del Monte" y "Voces de Guerrero" (documentales sobre la guerra no declarada en Michoacán y Guerrero). - Autor de "Las Mieles del Poder" (Random House): retrato íntimo de la política mexicana. - "19 edificios como 19 heridas": crónica visceral del ¿por qué el sismo nos pegó tan fuerte? Colaboraciones: Medios nacionales e internacionales. Objetivo: Periodismo que escarba donde otros solo rascan.
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