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Familia Michoacana busca expandirse en la sierra de Guerrero lanzando explosivos con drones

La meta de la banda delictiva es despejar la ruta que enlaza la región de Tierra Caliente con la sierra de Guerrero. Con este propósito, los ataques dirigidos a estos puntos han adoptado formas de extrema violencia.

Pablo Maldonado General Heliodoro Castillo, Guerrero /

Los hermanos Johnny y José Alfredo Hurtado Olascoaga, también conocidos como el Pez y el Fresa, lideran la organización delictiva La Familia Michoacana. Esta banda criminal está buscando ampliar su influencia hacia la Sierra Norte de Guerrero, utilizando drones para lanzar artefactos explosivos improvisados contra la población civil.

El objetivo es expulsar a los pobladores que se le interponen en su campaña y liberar el camino que conecta Tierra Caliente con la región serrana, que pasa por la zona minera de Mezcala, y que históricamente ha sido dominada por la organización antagónica de Los Tlacos.


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MILENIO ingresó a esta comunidad, conversó con los habitantes, con sus líderes y pudo constatar los estragos de una nueva guerra, que se libra ahora con mando a distancia.

Hoy, en las calles del Nuevo Poblado El Caracol, perteneciente al municipio de Heliodoro Castillo-Tlacotepec, quedaron los restos de la afrenta con bombas artesanales; fierro viejo, tuercas afiladas, clavos oxidados y residuos de pólvora que han caído del cielo desde el 3 de mayo de este año, cuando esta organización incursionó con el uso de drones.

El último ataque comenzó el sábado 12 de agosto y terminó el lunes 14, con una decena de artefactos lanzados que no cobraron víctimas mortales, pero que dejaron agujeros en vehículos, techos y fachadas, y el recuerdo de una balacera que duró hasta cinco horas y que evidenció la inacción gubernamental.

La comunidad ha decidido bloquear con tierra y grava el camino que conecta con Apaxtla para impedir que nadie entre, y si no frenan los ataques, podrían tomar la presa hidroeléctrica El Caracol, en Apaxtla.

Los varones de la comunidad se armaron con rifles y armas automáticas, y se hacen llamar los ‘vigilantes de la sierra’, a quienes se les reza para que regresen con bien a casa; Las mujeres se encargan de la cosecha y advierten: “también estamos dispuestas a defendernos”, y si es necesario “hasta con los dientes”; mientras niños y ancianos tienen la instrucción de esconderse cuando comienzan a zumbar los artefactos voladores.

“Avientan las bombas. Hay niños, personas adultas, es un riesgo que estamos tomando como habitantes, pero no queremos irnos… dejar nuestras casas”, denuncia Julieta, mientras muestra los estragos que hasta el momento han dejado los ataques.

Pero la embestida criminal, según explica el comisario Ejidal, Aurelio Catalán, no solo es con drones.

“Y no nomás nos bombardearon, nos tiraron de balazos con calibre .50 y otros tipos de armas… también y nos tienen amenazados, y la gente ha corrido”.

Y denuncia: “El pueblito que está a un lado (San Marcos) quedó vacío, no hay gente, aquí la mitad del pueblo ya corrió, ya se fue, los que quedamos somos pocos y ese es el temor que tenemos”, dice.

Del otro lado del río, la gente de esta pequeña localidad vecina, perteneciente al municipio de Apaxtla, simplemente se esfumó. Esta semana se marchó la última familia, según explican pobladores.

Las casas fueron cerradas por fuera, no hay quien trabaje la milpa y los animales deambulan por las calles en busca de algo para comer; pollos, mulas, puercos y perros se apropiaron de la calle.

“Lo que se está viendo es que quieren que la gente corra y se vaya porque de otras comunidades así lo han hecho; De Santamaria, Tlatzala, (en Apaxtla) la gente se fue y dejó sus pertenencias, y eso es lo que no queremos”, lamenta Julieta.
Los daños en las comunidades son visibles. | Jorge Carballo
Los daños en las comunidades son visibles. | Jorge Carballo


Para el 10 de agosto, los ataques se intensificaron, el último fue el 14 de este mes, cuando cayeron tres artefactos explosivos. Pero fue hasta el jueves 17, cuando por fin llegaron al pueblo representantes del gobierno del Estado, escoltados por elementos del 41 Batallón de Infantería del Ejército Mexicano. Sin embargo, así como llegaron, se volvieron a marchar.

El comisionado para retirar el bloqueo instalado fue el Delegado de la Región Norte de la Secretaría de Gobierno de Guerrero, Felipe de Jesús Adán Ramírez, quien visitó esta comunidad para hablar con los habitantes.

Pero se negó a dar declaraciones sobre los drones, el bloqueo o si habrá algún tipo de seguridad adicional para los pobladores:

“Son comentarios privados… de estrategia”, dijo a MILENIO, y se marchó.
Los daños se pueden ver en casas, autos y en varones altamente armados. | Jorge Carballo
Los daños se pueden ver en casas, autos y en varones altamente armados. | Jorge Carballo


A su salida, pobladores explicaron que la intención del gobierno del Estado era desalojar el Nuevo Caracol, hecho que decepcionó a los habitantes quienes esperaban que les llevaran un médico, un doctor, o un policía.

“Dijo que él vino para sacarnos cuando la verdad nos cayó de sorpresa porque nosotros nunca hemos dicho que nos vamos a ir, nuestro pueblo es nuestro pueblo y lo vamos a defender”, insistió Irene, con enojo.

Y el único acuerdo alcanzado de la visita del gobierno del Estado, fue que el camino no será liberado, hasta que no se limpien los cerros, desde donde les lanzan los explosivos.

En esta comunidad, el crimen tiene las siglas de la Familia Michoacana y según acusa el comisario ejidal, se esconde entre las montañas, pero nadie quiere ir por ellos:

“Llegaron a Tetela del río, Acatlán y Apaxtla allá se lo pasean, Teloloapan, todo ese lado para allá es su territorio”.


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