¡Noche histórica en el Volcán! A once años del pase de Tigres a la Final de la Copa Libertadores
El equipo felino fue el tercer mexicano en lograr la hazaña de llegar a la antesala por el título más prestigioso de clubes a nivel continente.
Hay partidos que se quedan guardados en la memoria, pero el del 22 de julio de 2015 se quedó grabado a fuego en el alma de todo San Nicolás.
Tras el amargo 2-1 encajado en la ida en Porto Alegre, la vibra en los alrededores del Estadio Universitario era distinta: no había espacio para la duda, solo la fe ciega de que la historia estaba a punto de reescribirse.
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Desde que resonó el pitazo inicial, el ambiente en las tribunas era sofocante, electrizante.
Tigres saltó al césped devorándose la pelota, arrinconando a un todopoderoso Internacional que de pronto se vio pequeño ante el vendaval auriazul.
Las gargantas ya estaban afónicas para el minuto 18, cuando Jürgen Damm desbordó por la banda derecha con un latigazo endemoniado y puso un centro preciso a la cabeza de André-Pierre Gignac.
El francés voló, conectó el balón de forma milimétrica pegado al poste izquierdo de Alisson Becker y desató la locura. El Volcán no solo celebró, El Volcán tembló.
Éxtasis, drama y el puño en alto de una ciudad entera
La noche demandaba épica y el equipo respondió con fútbol y valentía. Al minuto 41, la presión insostenible provocó el error: 'Gringo' Torres mandó un centro con veneno desde la izquierda y el zaguero brasilero Geferson, en su intento desesperado por despejar, bombeó el balón en propia meta.
Era el 3-2 global. El estadio era un manicomio de abrazos entre desconocidos y lágrimas contenidas.
El segundo tiempo trajo esa dosis de drama necesaria para las grandes noches sudamericanas.
Rafael Sobis tuvo en sus pies el gol del remate desde el punto penal, pero Alisson recostó y detuvo el impacto. Mientras el brasileño esperaba una reacción silenciosa e incluso hostil de la afición felina, lo que pasó fue todo lo contrario. El recinto se rindió en aplausos y coros para el histórico delantero, un momento totalmente incomparable en Nuevo León.
Lejos de caer en el nerviosismo, la tribuna empujó más fuerte y, apenas cinco minutos después, al 56, Damm volvió a hacer magia pegado a la raya final, picó el esférico y Egidio Arévalo se tiró de palomita para empujar el 3-1.
La catarsis era absoluta; Tigres estaba arrollando al gigante brasileño y sellando un 4-3 global que olía a gloria.
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El descuento final y el suspiro que precedió a la eternidad
Ni el tanto agónico de Lisandro López al minuto 89 para el Inter logró apagar el fuego en la Sultana del Norte.
Esos minutos finales se jugaron con el corazón en la mano, contando cada segundo con el aliento contenido, hasta que el silbatazo final hizo estallar la noche regiomontana.
Tigres no solo avanzaba a su primera final de Copa Libertadores para medirse cara a cara contra River Plate; estaba demostrando de qué estaba hecho el fútbol regio ante los ojos de todo el continente.
A 11 años de aquella hazaña, el eco de los cánticos, el sudor de la cancha y el retumbo del Universitario siguen intactos. Fue la noche en que el Tigre rugió tan fuerte que Sudamérica entera se puso de pie para escucharlo.
rga
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