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¿Esto le pasó a Jesús de Miguel? Conoce como un golpe en el pecho puede provocar un paro cardíaco

La muerte del futbolista del Tenerife abrió interrogantes sobre cómo un impacto en el pecho puede provocar un paro cardíaco.

La literatura médica lleva décadas estudiando este fenómeno. | @CDTOficial
La literatura médica lleva décadas estudiando este fenómeno. | @CDTOficial | Redes sociales
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Ciudad de México

La muerte de un futbolista durante una competencia puede dejar preguntas que van más allá de lo ocurrido dentro de la cancha. 

En el caso de Jesús de Miguel, el impacto que sufrió durante un partido encendió las alarmas sobre los riesgos de una colisión aparentemente accidental.

El delantero del Tenerife quedó inconsciente después de disputar un balón con el guardameta del Andorra, Jesús Owono. La acción terminó con un choque entre ambos jugadores y, posteriormente, el futbolista sufrió un paro cardíaco.

Aunque los impactos forman parte de la dinámica del futbol, existen circunstancias en las que un golpe en el pecho puede desencadenar una emergencia médica de extrema gravedad.

Una de las posibles explicaciones para este tipo de episodios es la commotio cordis, un fenómeno que puede alterar el funcionamiento eléctrico del corazón cuando recibe un impacto durante una fase muy específica de sus latidos.

La particularidad de este fenómeno es que no necesariamente requiere un golpe de gran intensidad. En determinadas condiciones, unos cuantos milisegundos pueden marcar la diferencia.

¿Qué es la commotio cordis y cómo puede provocar un paro cardíaco?

Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), explicó a EFE Salud que un impacto en el pecho puede provocar una parada cardiorrespiratoria sin que necesariamente tenga que ser muy fuerte o violento.

La commotio cordis ocurre cuando un golpe llega al tórax durante una ventana muy concreta del ciclo cardíaco, momento en el que el corazón es especialmente vulnerable a determinados estímulos.

Para entenderlo, es necesario considerar que el corazón funciona mediante señales eléctricas que permiten la contracción y relajación de sus células. Durante este proceso se produce un intercambio de iones, entre ellos sodio y potasio, que resulta fundamental para mantener su actividad.

En una fase específica de ese ciclo, conocida como repolarización, un impacto puede alterar la estabilidad eléctrica del órgano y desencadenar una fibrilación ventricular.

Esta arritmia provoca que los ventrículos pierdan su capacidad de contraerse de manera coordinada para bombear sangre. En consecuencia, el corazón deja de cumplir eficazmente su función y puede producirse un paro cardíaco.

Lo más delicado es que la ventana de vulnerabilidad dura apenas unos milisegundos. Por eso, la fuerza del impacto no es el único factor determinante: también importa el instante preciso en el que ocurre.

En el caso de Jesús de Miguel, el especialista señaló que una de las posibles explicaciones es que la rodilla del guardameta impactara en el pecho del futbolista justo durante ese momento vulnerable del latido.

Fernández Lozano también planteó que, al encontrarse en plena carrera por disputar el balón, el corazón del jugador podía estar latiendo más rápido. Sin embargo, esto no permite establecer por sí solo que la commotio cordis haya sido la causa confirmada de su muerte.

¿Un golpe en el pecho puede provocar una fibrilación ventricular sin ser fuerte?

La literatura médica lleva décadas estudiando este fenómeno. Uno de los trabajos experimentales más conocidos fue publicado en 1998 en la revista New England Journal of Medicine, donde investigadores analizaron cómo un impacto en el tórax podía alterar la actividad eléctrica del corazón.

El experimento se realizó con modelos animales, inicialmente cerdos y posteriormente cabras, a los que se les lanzaron pelotas de béisbol reglamentarias contra el pecho.

Los investigadores observaron que cuando el impacto ocurría entre 15 y 30 milisegundos antes del pico de la onda T del electrocardiograma, podía desencadenarse una fibrilación ventricular.

La velocidad de lanzamiento utilizada fue de aproximadamente 48 kilómetros por hora, inferior a la que pueden alcanzar pelotas lanzadas por jugadores profesionales de béisbol, quienes superan los 120 kilómetros por hora.

Este hallazgo permitió demostrar que un impacto no necesariamente extremo puede provocar una alteración cardíaca grave si coincide con el momento adecuado del ciclo eléctrico del corazón.

El presidente de la Sociedad Española de Cardiología describió estos episodios como golpes con un componente de mala suerte, debido a la coincidencia entre el impacto y esa pequeña ventana de vulnerabilidad.

En el deporte, donde los jugadores corren, disputan balones y se producen contactos físicos de manera constante, este fenómeno representa un riesgo poco conocido por buena parte de los aficionados.

El caso de Jesús de Miguel vuelve a poner atención sobre la importancia de la atención médica inmediata ante una pérdida de conciencia después de un impacto en el pecho. 

La commotio cordis es una posible explicación para determinados paros cardíacos provocados por golpes torácicos, pero no debe confundirse con un diagnóstico confirmado en el caso del futbolista.

La diferencia entre un choque aparentemente accidental y una emergencia que pone en riesgo la vida puede depender de una fracción mínima de tiempo.

JO

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