El derecho a no cuidar: la conversación que empieza a abrirse en México
Una discusión cada vez más presente cuestiona quién debe asumir el cuidado de personas enfermas o adultas mayores y por qué esta responsabilidad suele recaer en una sola persona.
Cuidar a una persona enferma o mayor suele presentarse como algo natural dentro de las familias. Pero especialistas advierten que también existe otra discusión cada vez más presente: el derecho a no cuidar.
No significa abandonar a quien necesita atención. Significa reconocer que la responsabilidad del cuidado no puede recaer automáticamente en una mujer solo por su parentesco o por su género.
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Especialistas advierten que el trabajo de cuidados sigue recayendo
Laura lo sabe bien. Durante años cuidó a su suegra Emilce, una mujer que había sido independiente toda su vida. Cuando su salud empezó a deteriorarse, Laura terminó organizando todo: medicinas, citas médicas, decisiones y emergencias.
Aunque había cuidadoras contratadas, el teléfono siempre sonaba para ella. A veces para avisar que Emilce no quería comer o había olvidado sus medicinas. Laura no estaba siempre en la casa, pero el cuidado seguía dependiendo de ella. 'Mi vida estaba en suspenso', recuerda.
Historias como esta no son excepcionales. En México, el trabajo de cuidados no remunerado equivale al 26.3 por ciento del Producto Interno Bruto. Las mujeres realizan el 75 por ciento de esas tareas y dedican en promedio casi 38 horas a la semana a cuidar sin recibir pago.
La académica Rocío Enríquez, del Departamento de Psicología, Educación y Salud del ITESO, explica que este modelo es insostenible. Cuando alguien envejece o enferma, la primera pregunta no suele ser qué hará el Estado, sino quién dentro de la familia se hará cargo.
Y dentro de las familias, casi siempre la respuesta es una mujer: hija, esposa o nuera.
Hablar del derecho a no cuidar, señala, significa reconocer que el cuidado debe ser una responsabilidad compartida entre familias, Estado y sociedad.
Las consecuencias también afectan la salud. Fabiola de Santos Ávila, coordinadora de la Maestría en Psicología de la Salud de la Universidad de Guadalajara, advierte que muchas personas cuidadoras desarrollan lo que se conoce como sobrecarga del cuidador.
Esto puede provocar agotamiento extremo, insomnio, ansiedad y depresión.
En Jalisco, el diagnóstico estatal de cuidados confirma la magnitud del fenómeno. Seis de cada diez personas mayores de 15 años se reconocen como cuidadoras y nueve de cada diez no reciben pago por ese trabajo.
Además, por cada hombre que realiza principalmente labores de cuidado en el hogar, hay cuatro mujeres que lo hacen.
El estado aprobó en 2024 la Ley del Sistema Integral de Cuidados, que busca la coordinación de servicios y apoyos para personas dependientes y también para quienes cuidan.
Sin embargo, especialistas advierten que el reto es que esa ley se traduzca en servicios reales.
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Porque mientras el sistema no ofrezca alternativas suficientes, el derecho a no cuidar seguirá siendo difícil de ejercer.
Y el cuidado seguirá resolviéndose, casi siempre, dentro de las casas.Y casi siempre, en la vida de una sola mujer en Jalisco.
KH
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