34 años de las explosiones en Guadalajara: sobreviviente relata el día que Analco voló por los aires
La mañana del miércoles de Pascua, el suelo se abrió. Fernando recuerda el caos inmediato y la urgencia de salvar a su hermana, mientras una enorme zanja se encontraba donde antes había una calle en Guadalajara.
Hay fechas que no se escriben con tinta, sino con fuego y memoria. Para Guadalajara, el 22 de abril de 1992 es una cicatriz que atraviesa el corazón del Sector Reforma.
Lo que comenzó como un reporte de olor a gasolina en las alcantarillas terminó en una cadena de explosiones que borraron del mapa kilómetros de calles en la Perla Tapatía, dejando un vacío que, a más de tres décadas, el tiempo no ha logrado llenar.
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¿Cómo se recuerda en Guadalajara la catástrofe ocurrida aquel 22 de abril?
Para Fernando Mercado, el horror no es una cifra en un libro de historia, sino un recuerdo vívido que lo persigue desde los 19 años.
En aquel entonces, Fernando era un estudiante que residía en Los Ángeles y que había regresado a su natal Guadalajara simplemente para visitar a sus padres. No sabía que el destino lo pondría en el epicentro de la mayor catástrofe urbana del México moderno.
La mañana del miércoles de Pascua, el suelo se abrió. Fernando recuerda el caos inmediato y la urgencia de salvar a su hermana, quien se encontraba vulnerable tras una cirugía reciente. En un barrio donde el pavimento se convirtió en proyectiles, la solidaridad emergió entre el humo.
"Brincabas y salí con mi hermana. En eso había gente muy 'nice' que andaba en camionetas y a la gente que no pudiera, súbela, y que la subimos y se fue. Ya no pude regresar ese día", relata Fernando con la precisión de quien guarda el trauma en la retina.
Al intentar volver la vista atrás, el panorama era irreconocible. La calle Gante, símbolo del desastre, ya no existía. En su lugar, una herida profunda recorría la ciudad.
"La verdad estaba aquí todo eso, toda la calle de ahí hasta Gante y hasta Ejército, todo voló. Era una zanja como de 23 metros, todo lo ancho de la calle y los autos hacia arriba, volcados... una cosa espantosa", describe Mercado.
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¿Cómo la catástrofe marcó la vida de Fernando?
La tragedia no solo destruyó hogares, sino proyectos de vida. Fernando, que debía retomar sus estudios en el extranjero, quedó atrapado en una ciudad sumida en la incertidumbre y el hermetismo. El regreso a Estados Unidos se volvió imposible ante la falta de movilidad y el shock emocional.
"Yo estaba joven, tenía 19, estudiaba afuera. Me tuve que quedar y lo que pasó el susto... fueron días. Me quedé por días porque no sabíamos a dónde ir. Ya cuando empezamos, estábamos jóvenes, empezamos a recorrer la calle, nos escabullimos literalmente", confiesa Fernando.
Aquel recorrido juvenil por las ruinas de Analco y San Carlos le reveló la magnitud del siniestro. Lo que antes eran comercios familiares y fachadas coloridas, se habían transformado en escombros y silencio.
¿Cuál fue la magnitud de los daños en las explosiones de Guadalajara?
Para dimensionar el relato de Fernando, es necesario observar los datos fríos que dejó aquel miércoles negro, una tragedia que derivó en la renuncia del gobernador Guillermo Cosío Vidaurri y una lucha por justicia que aún persiste:
- Pérdidas humanas: mientras el saldo oficial reportó 212 fallecidos, las asociaciones de víctimas estiman que la cifra real oscila entre 252 y 700 muertes.
- Infraestructura devastada: se destruyeron hasta 13 kilómetros de vialidades, afectando 98 manzanas donde vivían casi 14,000 personas.
- Vivienda y comercio: el estallido dañó 1,142 casas, 450 establecimientos comerciales y 100 centros escolares.
- Impacto económico: los daños materiales se calcularon en aproximadamente 10 millones de dólares.
- Secuelas permanentes: decenas de sobrevivientes padecen hoy discapacidades crónicas y exigen el cumplimiento de una reparación integral que, 34 años después, sigue siendo parcial.
LG
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