La Concepción: el taller de talavera que resiste seis generaciones en Puebla
El taller de Talavera La Concepción es considerado el más antiguo de su tipo en la entidad poblana, con 155 años de historia.
Enclavado en el corazón de Puebla, el taller familiar La Concepción mantiene viva una tradición que ha trascendido siglos: la elaboración de talavera auténtica. Pese a que el oficio cerámico forma parte del alma de la ciudad, son contados los talleres que aún preservan su técnica original.
Este es el caso de La Concepción, considerado el más antiguo de su tipo en la entidad, con una trayectoria que abarca seis generaciones consecutivas.
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La historia de esta fábrica, sin embargo, es también la historia de una familia. María del Consuelo Guevara Montiel, actual heredera del legado, recuerda que la talavera no solo fue un oficio, sino el pilar que unió a sus antepasados.
“Mi tatarabuelo trabajaba aquí como empleado. Su padre aportó el capital y él, el conocimiento del barro. Desde 1869, el taller pasó a manos de los Guevara y lo bautizaron como La Concepción. Hoy sumamos 155 años y seis generaciones”, relata con orgullo.
Según el historiador Hugo Leicht, en su obra Las calles de Puebla, el taller ya existía desde 1807, en la esquina de la 4 Poniente y la 9 Norte, propiedad de un extranjero.
Tras el fallecimiento de éste, su viuda vendió el negocio y regresó a Europa. No fue hasta 1869 cuando la familia Guevara tomó las riendas, dando continuidad a una tradición que, pese a los embates del tiempo, sigue en pie.
Para Consuelo, el relevo generacional no ha sido fortuito: ha sido una apuesta consciente por rescatar las técnicas originales y transmitirlas con pasión.
“Mientras otros niños iban al parque, nosotros visitábamos museos. Mi papá nos enseñaba a identificar colecciones de talavera en el Museo Bello o en el Zetina González. Eso fue sembrando el orgullo por nuestro oficio”, recuerda.
Del barro al fuego: el arte de lo auténtico
Producir una pieza genuina de talavera no es tarea sencilla. María del Consuelo y su esposo, Gerardo Flores Carrasco, guían cada paso del proceso, que inicia con la extracción de barro de bancos minerales de la región.
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La preparación de la materia prima requiere cerca de tres meses, antes de que la arcilla sea moldeada a mano, en torno o en moldes de yeso hechos en el propio taller.
Luego viene la etapa del pintado, donde los colores tradicionales azul, negro, rojo, amarillo y verde, dan vida a cada figura.
“La fábrica conserva piezas y moldes antiguos para crear todo tipo de diseños”, comenta Gerardo, quien destaca que la antigüedad del taller es también un archivo vivo de técnicas y formas.
Hoy, La Concepción no solo produce cerámica; resguarda la memoria de un oficio que, en cada pieza, narra la historia de una ciudad y una familia que se niega a dejar apagar el fuego de su tradición.
AGA
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