¡Majestuoso! Así se veían las dunas de yeso de Cuatro Ciénegas cuando era mar en Coahuila
Millones de años de transformaciones geológicas convirtieron antiguas lagunas en uno de los paisajes más singulares de México.

Blanco, inmenso y silencioso, a primera vista, las Dunas de Yeso de Cuatro Ciénegas, Coahuila, parecen pertenecer a otro planeta, pero bajo sus montículos permanece la memoria de un pasado mucho más antiguo: cuando esta región del norte de México estaba cubierta por el mar.
A unos 16 kilómetros al sur de Cuatro Ciénegas, sobre la carretera que conduce hacia San Pedro de las Colonias y Torreón, aparece uno de los paisajes naturales más extraordinarios de Coahuila: un desierto blanco donde el viento dibuja formas sobre el yeso.

Caminar por este escenario es como recorrer las páginas de una historia escrita durante millones de años, cada duna, cada cristal y cada montículo parecen guardar una pista de aquel remoto momento en que el agua dominaba el territorio.
La región de Cuatro Ciénegas forma parte de una zona con una extraordinaria historia geológica, hace millones de años, extensos territorios de lo que hoy conocemos como el norte de México estuvieron bajo las aguas del Mar de Tetis.
Aquel antiguo mar se formó en el interior de Pangea y estuvo relacionado con la configuración de los grandes bloques continentales de Laurasia y Gondwana, con el paso de millones de años, los continentes cambiaron y las aguas comenzaron a retirarse.
El paisaje que quedó atrás fue transformándose lentamente, las aguas marinas dieron paso a lagunas que cubrieron grandes extensiones del territorio, mientras los procesos geológicos continuaron modificando la superficie.
Con el paso de los milenios, aquellas lagunas también terminaron por secarse, el agua desapareció, pero dejó detrás minerales y sedimentos que con el tiempo dieron forma a uno de los desiertos más singulares de México.

Así surgió este impresionante paisaje blanco, cuya extensión ronda las 800 hectáreas, desde lejos, las dunas parecen una enorme sábana de arena iluminada por el sol, pero al acercarse revelan una composición completamente diferente.
No es arena convencional, es yeso, un mineral que convierte el terreno en una especie de espejo natural bajo la luz del día y que permite imaginar, aunque sea por unos instantes, cómo pudo lucir este territorio cuando las aguas cubrían la región.
¿Qué quedó del antiguo mar en Cuatro Ciénegas?
Entre las dunas aparecen también impresionantes montículos de yeso que rompen con la uniformidad del paisaje, uno de los más llamativos es conocido como 'El Castillo', una formación que alcanza aproximadamente 12 metros de altura.

La escena cambia conforme avanza el recorrido, el viento modifica las superficies, las sombras se desplazan lentamente y las formas blancas adquieren diferentes tonalidades conforme el sol recorre el cielo.
Por eso, las Dunas de Yeso no solamente son un destino para contemplar, también representan un espacio de enorme interés geológico y científico, debido a las características químicas y físicas de sus formaciones.
Son consideradas una de las maravillas naturales de Coahuila y destacan por una particularidad que las hace todavía más especiales: existen pocos sitios en el mundo donde pueden observarse dunas de yeso de semejante magnitud.
El paisaje también demuestra que incluso en los ambientes más extremos la vida encuentra una manera de permanecer, entre los suelos poco fértiles sobreviven especies vegetales capaces de soportar condiciones adversas.
Agaves y algunas especies de cactus forman parte de esta vegetación adaptada al desierto, cerca de ellas, reptiles y pequeños mamíferos encuentran refugio en los espacios de sombra que ofrece el terreno.
La aparente tranquilidad del lugar esconde, por lo tanto, un delicado equilibrio natural, cada especie cumple una función dentro de un ecosistema que ha logrado sobrevivir durante generaciones en condiciones particularmente difíciles.
¿Cómo visitar las Dunas de Yeso de Cuatro Ciénegas?
Para quienes buscan una experiencia diferente, las dunas se convierten en un escenario perfecto para aventureros, fotógrafos y amantes de la naturaleza, el blanco del yeso, el cielo abierto y las montañas del desierto crean postales difíciles de encontrar en otro lugar.

La ruta tiene una longitud aproximada de 3.2 kilómetros y es considerada fácil para la mayoría de los visitantes, el recorrido permite avanzar entre las formaciones mientras aparecen nuevos ángulos y perspectivas en cada tramo.
Llegar hasta este paisaje también forma parte de la aventura, una de las opciones más convenientes es viajar en automóvil, y no es necesario contar con un vehículo 4x4, pues el acceso puede realizarse por caminos que se mantienen transitables.
También existen autobuses hacia Cuatro Ciénegas desde ciudades cercanas como Monclova y Saltillo, una vez en el municipio, los visitantes pueden recurrir a transporte local para completar el trayecto hasta las dunas.
Desde Saltillo, el viaje puede tomar alrededor de tres horas, aunque el tiempo puede variar dependiendo de las condiciones del tráfico y del recorrido elegido.
El clima es otro elemento que debe considerarse antes de emprender la aventura, durante la primavera, entre marzo y mayo, las temperaturas suelen ser agradables, con días cálidos y noches frescas.
Entre junio y agosto, el verano puede convertirse en un verdadero desafío, las temperaturas pueden alcanzar los 40 grados Celsius, por lo que resulta recomendable realizar el recorrido durante las primeras horas de la mañana o al atardecer.
El otoño, de septiembre a noviembre, ofrece temperaturas más cómodas para caminar y una atmósfera distinta, además, puede ser una alternativa para quienes buscan disfrutar del paisaje con menor presencia de visitantes.
Durante el invierno, entre diciembre y febrero, los días son frescos y las noches pueden registrar descensos importantes de temperatura, la luz suave de esta temporada puede transformar nuevamente el aspecto de las dunas.
Y entonces, frente a aquella inmensidad blanca, surge una sensación difícil de explicar: estar parado sobre lo que alguna vez fue el fondo de un antiguo mar.
Millones de años separan aquel océano prehistórico del desierto que hoy recibe a los visitantes, sin embargo, las Dunas de Yeso conservan parte de esa historia en cada grano mineral, en cada formación y en cada huella que desaparece con el viento.
Cuatrociénegas no solamente guarda paisajes hermosos; conserva capítulos de la historia natural de la Tierra, el desierto funciona como una ventana hacia un pasado remoto, cuando los mapas del planeta eran completamente distintos.

Contemplar las Dunas de Yeso es, finalmente, mirar un paisaje que parece imposible y recordar que la naturaleza tiene una memoria mucho más larga que la nuestra.
Entre el blanco del yeso y el azul infinito del cielo, permanece una de las grandes bellezas naturales de Coahuila: espectacular, majestuosa y capaz de hacer sentir al visitante que, por un instante, ha viajado millones de años hacia el pasado.
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