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Las Poquianchis; las mayores asesinas seriales en la historia de México

Delfina, María de Jesús, María Luisa y Carmen tejieron una enorme red de corrupción y prostitución en la década de los 60´s que dejó cientos de muertes en el Bajío mexicano.

Foto: Especial.

ESPECIAL.- Las Poquianchis es el apodo con el que popularmente se les conoce a las hermanas González Valenzuela, quienes se hicieran famosas tras ser acusadas de cientos de asesinatos y de trata de personas en la década de los 60´s.

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Las oriundas de El Salto, Jalisco, habrían asesinado entre 90 y 150 personas, sobre todo mujeres explotadas con diferentes fines (principalmente tráfico sexual).

Lo anterior las convertiría en las asesinas seriales con mayor número de víctimas en la historia de México. Delfina, María de Jesús, María Luisa y Carmen tejieron una red de secuestro y prostitución en los estados de Jalisco y Guanajuato, teniendo mayor presencia en el poblado de San Francisco del Rincón perteneciente a la última entidad mencionada.

Ellas manejaban un número desconocido pero gran de prostíbulos donde golpeaban y sometían a mujeres constantemente. Su entorno familiar constaba de un padre policía que maltrataba a su familia y que las obligó a presenciar la tortura de detenidos durante su infancia. La madre, por otro lado era una fanática religiosa.

La violencia dentro de ese núcleo familiar era tan ruin, que una de las hermanas permaneció encarcelada por un año a manos de su padre. Carmen, se relacionó con un criminal que le enseñó todo sobre el negocio de los bares y burdeles de bajos mundos, que más adelante utilizaría para sus atroces crímenes junto a sus hermanas.

Cuando los padres de las Poquianchies murieron, esta heredaron un patrimonio que les sirvió para comprar su primer burdel… donde parecía empezar aquella tenebrosa historia.

El 'Guadalajara de Noche' En 1954, abrieron uno de sus primeros lugares en Lagos de Morenos, Jalisco, donde se vincularon con secuestradores de todo el país para conseguir mujeres que trabajaran en aquel burdel de horror.

La edad de las víctimas siempre osciló entre los 12 y 15 años, donde en su mayoría eran llevadas con engaños y promesas de empleos bien remunerados.

Una vez dentro de ese espantoso lugar, las mujeres eran violadas, golpeadas y sometidas a todo tipo de maltrato tanto físico como psicológico. Eran puestas a “trabajar” bajo condiciones infrahumanas cobrándoles ropa y comida a precios excesivos para que su deuda fuera impagable.

Cuando aquellas niñas explotadas llegaban a la edad de 25 años, eran asesinadas cruelmente por subordinados de las Poquianchies, ya que ellas decían que para esa edad, no eran atractivas para seguir generando dinero con clientes.

Las víctimas que no tenían un trágico final, se convertían en complices de las hermanas, funcionando como proxenetas e inclusive participando en los homicidios.

Otras ínfimas prácticas de estas criminales era dar escaza comida a las niñas y mujeres del burdel y practicar legrados ilegales a las que quedarán embarazadas.

Según ellas mismas, las técnicas que utilizaban para instalar un prostíbulo consistía en hacer amistad con las autoridades del poblado, donde en muchas ocasiones se hicieron amantes de miembros de policías, sobornaron a otros tantos para mantener la estabilidad y protección de sus negocios.

Finalmente una de las tantas víctimas escapó y denunció a las cuatro hermanas, donde tras el arresto, fueron descubiertas sus fechorías poco a poco. Encontraron varias fosas donde enterraban a los muertos.

Las Poquianchis fueron condenadas a 40 años de prisión por sus atroces actos, siendo solamente una quien logró morir en libertad.

IHL