Mujer, mujer ¿divina?

Los festejos obligatorios suelen devenir fracasos rotundos; amar por obligación a nuestra madre cada 10 de mayo es patético, casi tanto como los aniversarios de bodas o “Las mañanitas” de cumpleaños. Las manifestaciones de afecto, si no cotidianas, deben producirse con espontaneidad en los momentos en que simplemente sucedan.

A la luz de ese tenor, ayer “celebramos” el Día Internacional de la Mujer, una fiesta cuyo reconocimiento consiguió la comunista alemana Clara Zetkin —correligionaria de Rosa Luxemburgo— en un congreso realizado en Copenhague en 1910, si no me equivoco. Originalmente se llamaba Día Internacional de la Mujer Trabajadora, como corresponde a la ideología de su principal promotora. Por la misma razón, Occidente se mostró renuente a incluir la fecha.

En todas partes la fecha sirve como pretexto para consignar los avances de la mujer en su afán de conseguir la igualdad de género, esto es oportunidades y recompensas parejas para hombres y mujeres; lo que no se dice en este festejo es que la mujer está muy lejos de haber logrado esa igualdad verdaderamente y que la liberación femenina —que es una forma hipócrita de esconder las crisis económicas que reducen el ingreso de los trabajadores— solamente ha contribuido a una nueva forma de discriminación.

Me explico: en su mayoría, la mujer se ha integrado al trabajo asalariado porque el sueldo del marido ya no es suficiente. Son pocas quienes ven su inserción en el mercado laboral como una realización personal.

Dejemos de lado la violación sistemática del principio de igual paga a igual trabajo. Lo más importante es que la mujer trabajadora, después de cumplir con la chamba tiene que hacerse cargo de su segundo empleo, el de “ama” de casa, que se traduce al menos en lavandera y cocinera. El cuento ése de que en casa los pantalones los lavamos los dos es cierto solamente en el spot televisivo de la propaganda gubernamental.

Me queda claro que me estoy buscando el calificativo de machista tradicional, pero adicional al engaño de las mujeres “liberadas” existe un factor social más importante: las mujeres han tenido que abandonar su papel de madre, delegándolo en las guarderías, las abuelas… o la pandilla. Mucho del deterioro de la familia —celebramos su día el 7 de marzo, un día antes— se debe a este fenómeno. La hora de la liberación de las mujeres sigue esperando.

felix.cortes@multimedios.com

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